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Turismo rural en Alemania

epd / Daniel Martínez6 de octubre de 2008

La alternativa barata de pasear en días libres se ha convertido en importante factor del turismo de aventura: pasar vacaciones en una finca. El turismo de campo está de moda y la mayoría de los destinos están en Baviera.

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Cuarto libre para vacacionista!Imagen: BilderBox

Hace 40 años las fincas que ofrecían albergue a los turistas se promocionaban colgando avisos en las cercas de sus jardines en los que se prometía "agua fría y caliente" -recuerda la campesina Fanny Weber de Unterjoch en la región de Oberallgäu-; entonces los huéspedes podían compartir la cocina con sus anfitriones pagando 50 centavos, y en las tardes todos se sentaban juntos a conversar o a jugar cartas.

Un mundo sagrado

Hoy su nuera, Marion Weber, conquista a los clientes en Internet, ofreciendo ya no sólo cuartos sino completos apartamentos con llamativos nombres como "El nido de los Alpes" o "Parador de la montaña", que prometen un "refrigerador lleno", muebles aptos para alérgicos y un entorno libre de contaminación electrónica.

Algo que no ha cambiado con el paso del tiempo son los animales: las ovejas, los ponis, los gatos y los perros siguen siendo amigos de los niños y se dejan acariciar y abrazar por ellos. El campesino es también aún el encargado de pacientemente explicar de dónde viene la leche, cómo se ordeña una vaca, y de guiar los paseos en tractor por las praderas.

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Cuando las vacas en los Alpes regresan a los establos son "condecoradas".Imagen: AP

Nuevas ideas

De las 14.800 fincas que ofrecen sus instalaciones como destinos turísticos, 7100 se encuentran en Baviera; gran parte de ellos se ajustaron a los procesos de clasificación cumpliendo con las normas de turismo, obtuvieron un certificado, o adquirieron una marca de calidad.

Los campesinos por su parte tomaron cursos especializados de acuerdo al tipo de visitantes que acogen: caminantes, ciclistas, minusválidos, familias con niños pequeños o simplemente gastrónomos amantes de la comida que aún conserva su sabor original. Aquellos que sólo ofrezcan aguas medicinales, sauna o tratamientos de ayurveda puede olvidar su ingreso en la categoría de "vacaciones en la finca", y con ello las subvenciones que el estado entrega para fomentarlo, pues es obligatorio que en ella se lleven a cabo actividades agropecuarias normales.

"Dos tercios de nuestros ingresos provienen de la crianza de animales y el restante del arriendo de apartamentos" explica Marion Weber, quien además preside el grupo de trabajo de los campesinos de su región y siempre está buscando nuevas ideas para promover este tipo de turismo.

Una de ellas ha tenido gran éxito: la campesina organiza para la gente de la ciudad caminatas por la montaña en busca de hierbas. Otra de las actividades preferidas por los visitantes es el aprender como se hace la mantequilla. "Los huéspedes se enteran de cuanto esfuerzo hay detrás del trabajo en el campo" dice Weber quien ve como una de sus principales tareas promover una mejor comprensión del sector agropecuario.

Descanso de la ciudad

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La belleza verdi-azul de los Alpes bávaros.Imagen: dpa

"Aún dos semanas después de haber regresado a casa, podíamos sentir el fuerte olor del establo, que se impregnó en nuestras botas" cuenta Stefanie Mairose, una enfermera de Maguncia quien visitó con sus hijos Kira, Julian y Till la finca de Weber y le mostró a los pequeños que "hay muchas experiencias que no cuestan gran cosa".

Por su parte a Hermann Betz le agradó ver a sus hijos divertirse sin tener que estar todo el tiempo atento al tráfico: "aquí todo marcha más lento y yo pude por fin descansar". Su anfitriona, Hanni Huber, fue reclasificada por no tener televisor en su vivienda, pero ella ofrece otro tipo de entretenimiento: Betz recibió la mielga y pudo colaborar en las actividades de corte.

En las tardes él asó castañas con su familia en una hoguera, se tomó con su esposa una botella de vino rojo y disfrutó que sus hijos no estuvieran pegados al teléfono celular pues éste en la montaña no tenía señal.