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Una estocada a Dilma Rousseff

Astrid Prange (RMR/CP)18 de abril de 2016

El Parlamento de Brasil aprobó el inicio de un juicio político contra la presidenta Rousseff. Ahora, ella se enfrenta a la posible destitución de su cargo y el país a un caos político. Astrid Prange analiza la situación.

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Imagen: Reuters/U. Marcelino

"El impeachment es una pena de muerte política”, dice el constitucionalista brasileño Michael Mohallem, de la Universidad Fundação Getulio Vargas, al diario español El País. La destitución es una ejecución pública de cargos políticos.

De acuerdo a la Constitución de Brasil, el Senado debe aprobar, tras la votación en el Parlamento, la destitución contra su presidenta. Por ello, se creará en la Cámara Baja una comisión para comprobar las acusaciones contra Rousseff.

Las posibilidades del vicepresidente

Si 41 de los 81 senadores votan por el impeachment, Rousseff se deberá retirar de su cargo durante 180 días y su vicepresidente, Michel Temer, será presidente en funciones. Si el Senado no logra finalizar las investigaciones dentro del periodo de tiempo estipulado, Rousseff podría regresar y esperar a los resultados del proceso. En caso de que dos tercios de los senadores voten a favor del impeachment, Rousseff será destituida de su cargo.

Todo esto en teoría, pero ¿qué sucede en la práctica? El país está ante una época políticamente dolorosa con o sin su presidenta. Por ello, un grupo de senadores exige nuevas elecciones.

“Tengo la impresión de que votamos para elegir de qué manera caeremos al precipicio, con Dilma o con Temer”, dice Cristovam Buarque, el antiguo gobernante del Distrito de Brasilia y senador del Partido Socialdemócrata PPS. “Ninguno tiene los requisitos para sacar al país de la crisis. Esto no es posible sin la legitimidad de las elecciones.”

¿Corrupta o simplemente impopular? Un país dividido por la presidenta Rousseff.
¿Corrupta o simplemente impopular? Un país dividido por la presidenta Rousseff.Imagen: picture alliance/AP Photo/E. Peres

Nuevas elecciones, improbables

La presidenta brasileña Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT) y su vicepresidente Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), gobiernan en coalición desde hace seis años. El 21 de marzo de 2016, el PMDB cesó su apoyo a Rousseff y forma desde entonces parte de la oposición.

Nuevas elecciones son improbables, ya que según la Constitución brasileña, son solo posibles cuando el cargo de presidente esté desocupado hasta el fin de año, y en este caso Rousseff y Temer se hallan en la primera mitad de su periodo gubernamental. Es decir, que ambos tendrían que dimitir de su cargo, ser destituidos o el vicepresidente Temer también tendría que enfrentarse a un impeachment.

La oposición espera abiertamente la dimisión de la presidenta Rousseff. En los medios de comunicación se debate sin tapujos sobre los posibles miembros del nuevo gabinete liderado por el actual vicepresidente. En su residencia, en Brasilia, se dan continuamente cita los posibles candidatos.

Así es el impeachment.
Así es el impeachment.

En nombre de la corrupción

Las acusaciones por corrupción, incomprensiblemente, alcanzan más a su contrincante que a ella. A Rousseff se le acusa de financiación ilegal de su campaña electoral al desviar para ello dinero del presupuesto nacional. Pero, hasta ahora no hay acusaciones formales contra Rousseff.

En cambio, la situación del vicepresidente Temer y del presidente parlamentario Eduardo Cunha tiene otros matices. Ambos están acusados de corrupción. Cunha y Temer están en "excelente" compañía. Según datos de la ONG Transparência, la Justicia brasileña investiga al 60% de todo los miembros del Congreso por irregularidades de distinta envergadura.