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"No puedo dejar que mi madre muera de sed"

Andrea Grunau
30 de diciembre de 2018

Cuando los ancianos se vuelven indefensos necesitan atención especial. En Alemania, Frank Schulz visita todos los días el asilo de ancianos de su madre, porque tiene miedo de que se vuelva a deshidratar y muera de sed.

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Mutter und Sohn
Imagen: privat

"Bebe otro pequeño sorbo", le dice Frank Schulz a su madre mientras pone su brazo alrededor de su hombro. Él lleva una taza de té a sus labios y ella bebe. "Lo hiciste genial", dice. Schulz asegura que su madre, Inge (los nombres originales han sido cambiados), a menudo bebe muy poco. Un domingo de abril ella estaba completamente apática, las comisuras de su boca cayeron y fruncía el ceño. El personal de enfermería se negó a llamar a un médico. "Tu madre solo está cansada", dijeron.

No fue hasta horas más tarde que un médico de emergencia fue notificado. El médico dijo que Inge sufría deshidratación. Según los registros de enfermería, a Inge se le habían administrado suficientes líquidos, pero el médico dijo que eso era imposible. Su informe, finalmente, respaldaba la suposición: su vejiga estaba casi vacía.

"No es suficiente poner una taza de líquidos frente a un individuo indefenso, tienen que administrarlo", diijo un representante sindical de la industria del cuidado de la salud, quien prefirió permanecer en el anonimato. El representante es consciente de la escasez de personal en Alemania: se necesitan unos 22.000 cuidadores de ancianos y asistentes. Sin embargo, en este caso, "la excusa de 'no tengo tiempo' o 'no tenemos personal suficiente' no aplica, porque mantener la hidratación es lo más importante en la vida", aseguró el representante.

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Frank teme que su madre muera sin su cuidado.Imagen: privat

Respondiendo a la llamada de la naturaleza en el suelo

Frank Schulz abraza a su madre y le pregunta si necesita ir al baño. Ella da una respuesta clara: "Sí". Él la levanta y la lleva: "Aférrate a mí". Schulz dice que su madre no es incontinente, pero que a menudo se ve obligada a usar pañales porque el personal de sus instalaciones la lleva muy rara vez al baño. "Es absolutamente vergonzoso que en nuestra sociedad las personas se vean obligadas a orinar y defecar en pañales", dice.

Schulz revela que una vez vio a un enfermero tratar con una mujer en el pasillo que olía a heces. Él dice que el hombre, en lugar de limpiarla, simplemente roció ambientador alrededor de la mujer y se marchó.

Es difícil obtener información sobre el abuso en hogares de ancianos, que incluye el abuso físico y psicológico, así como la negligencia. Sin embargo, una encuesta realizada al personal de enfermería en los centros de atención de Hesse encontró que el 72 por ciento de los encuestados dijo que había abusado o descuidado a alguien al menos una vez durante el año pasado.

Schulz y sus hermanos han escrito en repetidas ocasiones a los operadores de las instalaciones de su madre, así como también han presentado quejas ante la autoridad de supervisión del hogar y el Servicio Médico de los Fondos de Salud (MDK), que es responsable de la auditoría de los hogares de ancianos. Schulz dice que su madre estuvo especialmente bien atendida el día en que el MDK llevó a cabo su inspección.

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Frank y sus hermanos han presentado quejas formales sobre el tratamiento de su madre.Imagen: privat

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Los hijos de Inge Schulz habían esperado que los operadores del recinto eventualmente estuvieran interesados en hablar con ellos, tal vez incluso para ofrecer una disculpa. Sin embargo, se le informó a la familia que debían buscar otro hogar para su madre si no estaban satisfechos con la atención que estaba recibiendo.

Frank Schulz dice que el director del asilo de ancianos reaccionó a sus críticas de manera muy agresiva, gritándole en la habitación de su madre, prohibiéndole ingresar a la casa en el futuro y luego llamando a la policía. La prohibición de entrada fue rápidamente revocada. Luego, la policía interrogó a los miembros de la familia y abrió una investigación en el asilo de ancianos. Schulz dice que el caso está actualmente en manos de fiscales estatales, pero que la oficina está saturada de trabajo.

La familia Schulz dice que no quiere elegir otro hogar. Y no era para menos: según confirmó a DW el escritor y crítico de hogares de ancianos más famoso de Alemania, Claus Fussek, las cosas no son necesariamente mejores en otros hogares de la zona.

En diciembre de 2017, unos 3,4 millones de personas necesitaban atención de enfermería en toda Alemania y ese número va en aumento. Dos tercios de los que necesitan ayuda son atendidos en el hogar, y el otro tercio, aquellos que más lo necesitan, son colocados en hogares de ancianos.

(few/lgc)

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