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Arma secreta del BCE: intereses negativos

Zhang Danhong / JAG5 de junio de 2014

Dos fantasmas rondan la Eurozona: la baja inflación y la fortaleza del euro. Ahora, el Banco Central Europeo quiere corregir esta tendencia. ¿Con un interés negativo?

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Imagen: dpa

“Somos conscientes de que un largo periodo con bajas tasas de inflación conlleva riesgos”, decía el director del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, la semana pasada en Portugal ante representantes de bancos emisores de todo el mundo. Con ello se refería a los peligros de la deflación, un círculo vicioso de precios a la baja, descenso de beneficios empresariales e inversión, aumento del desempleo y, finalmente, la temida recesión. Un círculo del que es difícil salir, como mostró el ejemplo de Japón.

Ahora, atendiendo al nuevo impulso de la economía tras la crisis en el sur de Europa, Draghi no ve aún peligro de deflación. Pero la fortaleza del euro amenaza la competitividad que estos países consiguieron con la reducción salarial. Expertos hablan de una sobrevaloración de cerca de un 10% de la moneda común. “Un efecto provocado por el aumento de la entrada de capitales que quieren beneficiarse del final de la crisis”, escribe Martin Hüfner, economista jefe del grupo Assenagon en su comentario semanal.

Más liquidez en la Eurozona

Los países del sur de Europa y Francia cifraban bastantes expectativas en la reunión del consejo del Banco Central Europeo. “Todo el mundo lo comentaba”, dice Jens-Oliver Niklasch, economista del Landesbank Banden-Württenberg, aludiendo a la esperada rebaja del tipo de interés en la Eurozona del 0,25% al 0,15, es decir, de 0,10%. Por regla general, la bajada de los intereses conlleva una depreciación. Pero esta vez, no debería ser un problema. Primero, porque una bajada de un 0,1% no provocará nada. Y segundo, porque ya se contaba con la reducción de la tasa interés, dice Niklasch a DW.

Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo.
Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo.Imagen: Getty Images

Sin embargo, el BCE no quiere quedarse ahí. Los custodios de la moneda europea se proponen probar algo nuevo: el interés negativo. Es decir, que los bancos tengan que pagar un interés de castigo por el capital que "aparquen" en el Banco Central. El BCE desea conseguir dos objetivos con esta política, continúa el analista del banco: “El primero es muy básico: debilitar el euro en los mercados financieros. El segundo es que la gran liquidez puesta a disposición por el BCE llegue finalmente a la economía privada”.

En otras palabras: los bancos deberían dar más créditos a las empresas. En consecuencia, deberían generarse más inversiones, más crecimiento y, finalmente, una inflación al alza. Así, aunque el Euro se debilite, el BCE acabaría con los dos fantasmas de un solo golpe. Pero algunos expertos dudan de que el plan salga bien. “La concesión de créditos de bancos privados depende más de la demanda que de la oferta de crédito”, advierte Jens-Oliver Niklasch.

Debido a la crisis de deuda y la recesión, en el sur de Europa se pidieron menos créditos. Además, el BCE no puede obligar a los bancos privados a prestar dinero. Para evitar un interés negativo, los bancos buscarían probablemente otras alternativas. Por ejemplo, bonos del Estado de países deudores en la Eurozona que todavía ofrecen un buen rendimiento y tienen garantías del BCE. Por otra parte, eso provocaría un aumento del flujo de capital hacia el sur de Europa, operando en contra de los esfuerzos por devaluar el euro.

Conflicto de intereses

¿Qué hacer entonces? Nada, recomienda Roland Vaubel, economista de la Universidad de Mannheim: “La recesión ya pasó. El crecimiento es positivo en toda Europa y el aumento de circulante es sólido”. El experto no ve porqué relajar la política monetaria.

¿Pero qué pasa con la baja inflación? No es preocupante, continúa Vaubel en conversación con DW: ”Es el resultado de la política monetaria de hace dos o tres años. Es un indicador tardío. El BCE comete un error tomando en cuenta las tasas actuales de inflación”. Mejor debería analizar el crecimiento y la demanda de capital. Ambos son positivos, debido a la evolución de la economía. Una política monetaria más laxa no tiene sentido y sería la semilla para la próxima crisis: “El riesgo es que, aunque la situación continúe mejorando y aumente la tasa de inflación, no saldríamos tan rápido de una política monetaria tan expansiva. Temo que esta ‘salida' no merecerá la pena”, concluye Vaubel.