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Benedicto XVI: ¿reelaborar la Teología de la Liberación?

Mirra Banchón14 de mayo de 2007

El discurso de Benedicto XVI ante el CELAM es para muchos el más político que ha pronunciado hasta ahora. Peter Hünermann, teólogo de la Universidad de Tubinga, lo analizó en conversación con DW-WORLD.

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Benedicto XVI, en San Pablo, en rueda de prensaImagen: AP

El papa Benedicto XVI concluyó su viaje a Brasil. Sus inamovibles posturas con respecto al aborto, al celibato o al matrimonio llevan al diario danés Yyllands-Posten a tildarlo de rígido y a culparlo de la reducción de feligreses a la que se enfrenta la Iglesia Católica en América Latina. Su último discurso frente a la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) ha sorprendido en cierta manera. Der Spiegel en su versión digital lo describe como un llamamiento a la lucha contra el marxismo y contra el capitalismo desmedido. De "el más político de sus discursos", lo denominan en el diario El País de Madrid. Se resalta sobre todo la crítica que el sumo pontífice hizo a los regímenes autoritarios y a ciertas ideologías que parecían ya desaparecidas. DW-WORLD conversó respecto al discurso del Papa con el catedrático Peter Hünermann, teólogo emérito de la Universidad de Tubinga.

DW-WORLD: El papa Benedicto XVI ha criticado tanto el capitalismo como el marxismo como vías para América Latina. ¿Cómo debe entenderse el discurso del papa Benedicto XVI ante los arzobispos latinoamericanos? ¿Es ésta la propuesta de un nuevo camino?

Prof. Hünermann: Benedicto XVI ha criticado conscientemente los extremos político-económicos por los que se ha optado en América Latina. Para el camino positivo no ha hecho propuestas concretas, y eso tiene que ver con la postura que adoptó en su encíclica Deus caritas est, queriendo decir que ahí se encuentra la tarea del hombre político y del Estado. Lo veo como una advertencia a no plegarse a los extremos, pero también como la apertura de una posibilidad de configurar el camino libremente, a lo largo de éste la función de la Iglesia es apoyar, no dar directivas.

En mi opinión, si uno vive en una región como América Latina, en donde una gran cantidad de gente gana menos de 2 dólares al día, el cuestionamiento surge: ¿en qué medida debe identificarse la Iglesia con la gente en las favelas? Pues ellos son los que sufren y esas condiciones son simplemente inaceptables. El Papa se enfrenta aquí a una dificultad: por un lado, deja abierta la posibilidad de configurar libremente el camino, evitando extremos que no concuerden con el Evangelio. Por otro lado, se enfrenta a la realidad de que en esta región buena parte del pueblo de Dios se encuentra en una situación precaria. En ningún lado tenemos una acumulación del ingreso en sólo un 10% de la población como en América Latina. Las cifras que difunde el Banco Mundial para el Salvador son impresionantes: 58% de la población vive en la pobreza. ¿Qué directiva pastoral se puede dar allí? Cuando la Iglesia acciona enérgicamente en esas situaciones, genera una reacción política y la Iglesia entra en la confrontación.

¿Es éste, de alguna manera, el camino que en su momento propuso la Teología de la Liberación?

La Teología de la Liberación dio en su momento un impulso decisivo; cierto es que uno que otro sobrepasó los límites de la Iglesia con su postura. Sin embargo, los autores más importantes de la Teología de la Liberación, en realidad, fueron gente muy unida a la Iglesia, que tenía puesta la mirada en la situación política. La cuestión que se plantea hoy es si, en condiciones diferentes, los legítimos postulados deben ser retomados. Sin embargo, antes que nada hay que transcribirla a una situación nueva. No se trata ya de la vieja doctrina social, aquella de la teoría de la dependencia como base. Las cosas se han vuelto más complicadas. Esta reelaboración de la problemática está pendiente, y es inevitable.

"En una región con tantos cristianos es admirable que no haya más de ellos en altas posiciones sociales", aseveró Benedicto XVI ante el CELAM. ¿Cómo se entiende esto?

Papst Benedikt XVI mit Präsident Luiz Inácio Lula da Silva in Sao Paulo
Benedicto XVI y Luiz Inácio Lula da Silva, presidente del BrasilImagen: AP

Tiene que ver con la política de la Iglesia Católica de los años 70 y 80. En los 60 había en América Latina una gran cantidad de intelectuales y académicos católicos. Sobre todo en los años 60 se fundaron muchas Universidades Católicas, y las fuerzas que estaban detrás eran intelectuales católicos políticamente activos y que también ocupaban posiciones clave en la sociedad. Vinieron los años 70 con las grandes dictaduras militares, y en ese tiempo se politizó la pastoral académica. Se les quitó, entonces, mucha competencia a los sacerdotes y se redujo en mucho las comunidades académicas, porque se tenía miedo de su radicalización. Sin embargo, desde ahí, la Iglesia Católica no logró volver a formar a esa elite católica. Esa fue una decisión clave que se tomó basándose en el miedo al avance de las fuerzas marxistas.

Si uno ve a Argentina, en aquel tiempo había el movimiento Presbíteros para el Tercer Mundo. Hubo diócesis en las que los arzobispos mantuvieron relación con los sacerdotes que lo integraban. En estas diócesis menos sacerdotes abandonaron la Iglesia, que en las otras diócesis que los enfrentaron duramente; era otro clima. La política arzobispal que se siguió en los años 80 y 90 tomó una dirección bastante conservadora. Se prefirió gente no tan activa y más bien reservada en cuanto a los cuestionamientos sociales. Las consecuencias y los efectos de las decisiones de todos esos años surgen ahora.

En el CELAM se encuentra representado el 50% de los católicos del mundo, y de ahí se espera una directriz. ¿Ésta que ha propuesto Benedicto XVI va de acuerdo a los tiempos?

Eso depende de cómo se la ponga en práctica. Los cuestionamientos a enfrentar son sumamente graves, no se puede medir con las palabras del Papa: su discurso manifiesta una increíble apertura a los responsables políticos. El punto estará en el personal que escojan las diócesis. En una gran reunión arzobispal como lo es el CELAM siempre hay personas de muchas clases. Y depende mucho de quién sea arzobispo en Santiago de Chile, quién en Sao Paulo o en Río o en Belo Horizonte. Cardenal en Buenos Aires… porque a ellos se les está dando gran potestad para determinar la dirección de su acción pastoral. Lo que quiero decir es que esa política concreta será, a partir de ahora, decisiva.