Calor en Alemania: Los peces mueren y los ríos desaparecen

En estos días, toneladas de peces muertos están siendo extraídos de lagos y ríos. No resistieron el estrés de la sequia y el calor. El calentamiento global cambiará los hábitats de los peces.

El río Dreisam apenas tiene una longitud de 30 kilómetros. Pero la gente de Friburgo está muy orgullosa de su río, que traviesa la ciudad. En estas semanas, sin embargo, el río se ha transformado en un desierto de piedra. El club de pesca local tomó medidas de precaución y capturó peces y los soltó en otras aguas.

Naturaleza y medio ambiente | 31.07.2018

Peter Rudolph está en alerta: "medimos continuamente la temperatura del agua", dice el especialista en biología acuática y medio ambiente de Friburgo. En caso de sequía grave y de aumentos de la temperatura, informa a las autoridades. Y luego se acerca al lugar con sus colegas, premunidos de salabres electrónicos. El cátodo (polo negativo) flota en el agua, el ánodo, el polo positivo, está unido a la red del pescador. Cuando el salabre se introduce en el agua, el circuito eléctrico se cierra y los peces son guiados por la fuerza eléctrica hacia la red y al mismo tiempo son aturdidos.

El salabre: una herramienta muy útil en estos días.

Con ese método se pueden recoger grandes cantidades de peces y volver a liberarlos en otras zonas, sin dañarlos. "Hay que medir continuamente la temperatura del agua y el nivel de oxígeno. En cuanto se descubren los primeros peces muertos, en realidad, ya es demasiado tarde para salvar al resto. Entonces hay que dejar el asunto en manos de la naturaleza", explica el ecologista Rudolph.

Constantes controles

En el Rin, que fluye a pocos kilómetros de Friburgo, la situación es más dramática, a pesar que el río es más ancho y está lleno de agua. Toneladas de animales muertos acaban en las redes de los pescadores, especialmente en el lado suizo del río. La temperatura del agua, de aproximadamente 28 grados, redujo el contenido de oxígeno. Truchas y tímalos se encuentran en estrés permanente, colapsan, mueren y acaban en depósitos especiales donde son procesados.

Naturaleza y medio ambiente | 18.07.2018

En muchos lagos, los bomberos introducen millones de litros de agua para subir el nivel de oxígeno. Sin embargo, de un solo embalse cerca de Ellwangen, los bomberos tuvieron que sacar 20 toneladas de cadáveres de peces.

"El calor y la falta de lluvia forman una combinación desastrosa", señala Rudolph. A niveles bajos de agua, los peces están expuestos a la luz del sol y no encuentran refugios protectores, porque en Alemania en las orillas ya no vegetación natural que les pueda ofrecer sombra.

El río Dreisam cerca de Friburgo

Las praderas ribereñas están cubiertas de urbanizaciones o áreas industriales. "El agua necesita más espacio y más arboles en los bordes", dice Peter Rudolph y aboga por una renaturalización. Pero el problema es, ¿quién recompensa a los dueños de los terrenos cercanos a los ríos que tienen que ceder tierras? Los grupos de presión de la industria agrícola, el transporte y la minería son demasiado poderosos, critican las asociaciones medioambientales.

Lagos en estrés climático

Los lagos también han perdido su equilibrio ecológico, porque el sol ha calentado el agua hasta 20 grados. La luz y el calor favorecen el crecimiento de algas y plantas. Especialmente peligrosa es la reproducción de las algas verdeazuladas que pueden producir toxinas. Esas también pueden contaminar el agua potable.

Desde la década de 1970, científicos del Instituto Leibniz de Ecología Acuática y Pesca Interior (IGB) han estado documentando los cambios del lago Müggelsee, cerca de Berlín. El aumento de la temperatura en las últimas décadas es alarmante: de 0,34 grados por década.

Los autores del estudio consideran que la investigación del impacto climático a largo plazo es indispensable para desarrollar estrategias de adaptación sobre la base de las observaciones.

Las asociaciones ecologistas, como WWF Alemania y Germanwatch, han pedido al Gobierno alemán que tome medidas concretas contra el calentamiento global y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Autora: Karin Jäger (GG/ER)

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Calor, sequía, escasez de agua: ¿se muere nuestro planeta?

Esto antes era verde

Esta escena se repite en distintas ciudades de Europa. Allí donde antes había pasto, hoy solo se ven campos secos. La falta de lluvias y el calor infernal afectan también a los parques, como se ve en el Parque Greenwich, de Londres. Las autoridades del Cuerpo de Bomberos han advertido que los antaño verdes prados se han convertido en peligroso material combustible.

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Japón arde

Durante julio de 2018, Japón vivió la peor ola de calor de las últimas décadas. Durante varios días, los registros bordearon los 40 grados, y en algunas ciudades hasta superaron esa marca. Las autoridades pidieron a la gente mojar las calles para mitigar las altas temperaturas, y evitar salir a la calle. Pese a todo, al menos 40 personas murieron.

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Nacido (con calor) un 4 de julio

A comienzos de julio, diversas ciudades de Estados Unidos padecieron una ola de calor que llevó los termómetros hasta los 40 grados en ciudades como Los Ángeles. San Diego, Las Vegas, Washington y Phoenix también se vieron azotadas por unas temperaturas que no solo complicaron la vida de los estadounidenses, sino que alimentaron los incendios que golpean a California.

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Altas temperaturas y muerte en Pakistán

En mayo, las altas temperaturas no perdonaron en Karachi (Pakistán). La gente se vio forzada a dejar sus casas y dormir en las calles para escapar del calor. Además, los cortes de electricidad causados por el alto consumo de aire acondicionado empeoró las cosas. En apenas tres días murieron al menos 65 personas. Los termómetros marcaron hasta 44 grados, 9 grados más que lo normal en esa fecha.

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Incendios incontrolables

Las altas temperatutras no solo agobian y pueden matar, sino que también favorecen la generación de incendios forestales, sobreexigen las redes eléctricas y aumentan el consumo de agua. En agosto, los incendios que azotan a Algarve, en Portugal, han quemado cientos de hectáreas. El termómetro allí ha llegado hasta los 46 grados, al igual que en el sur de España, donde rozaron los 47 grados.

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Se está acabando el agua en Namibia

Este 6 de agosto de 2018, las autoridades de Namibia anunciaron que Windhoek, la capital del país, ha comenzado a usar las reservas de emergencia de agua de la ciudad. Tras una larga sequía, las presas recibieron solo el 25 por ciento del agua estimada para una temporada normal. Medidas urgentes: se han profundizado los pozos y se ha pedido a la gente que restrinja el uso del vital elemento.

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Sequía catastrófica en Guatemala

El ministro de Agricultura de Guatemala, Mario Méndez, dijo el 4 de agosto de 2018 que el Gobierno estudia la posibilidad de declarar el estado de catástrofe por la larga y dura sequía que afecta al país, y agregó que la cantidad de personas afectadas por el fenómeno es "escalofriante". A la vez hizo un llamado que a estas alturas parece evidente: "Hay que combatir el cambio climático".

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Pavimento derretido

Si bien no es inusual que haga mucho calor, sí lo son la frecuencia y la fuerza con que las olas de altas temperaturas se han repetido en los últimos años. En enero de 2018, la prensa hablaba de una ola de calor "sin precedentes" en distintas regiones de Australia. En Melbourne, por ejemplo, el pavimento se derritió. Y en Penrith los termómetros marcaron 47,3 grados.

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