De la enemistad, a la hermandad del Elíseo

El 22 de enero de 1963 es para Alemania y Francia una fecha histórica. La firma del Tratado del Elíseo puso fin a la enemistad entre ambas naciones y abrió paso a una relación estratégica que perdura todavía.

“Mi corazón desborda y mi espíritu está agradecido”, dijo Charles de Gaulle en alemán, después de haber suscrito con el canciller alemán Konrad Adenauer el Tratado del Elíseo en París. Tras la firma, el anfitrión besó en las mejillas y abrazó efusivamente al mandatario alemán. El perplejo canciller se limitó a decir que se sentía de igual manera y que no tenía nada que añadir.

Hacía un frío que cortaba aquel día de enero, cuando en el Palacio del Elíseo fue firmado el tratado. 18 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial ambos países se comprometían a realizar consultas regulares en todas las cuestiones relevantes de la política exterior, de defensa, educación, juventud y cultura. Acordaron que los jefes de gobierno de ambos países y los miembros de sus gabinetes, así como los funcionarios, debían participar en dichas consultas periódicas para garantizar que el tratado fuera aplicado en la práctica. Alemanes y franceses se convirtieron, de acérrimos enemigos, en aliados. Ese fue el mensaje de Adenauer y de Gaulle.

Unos años antes ambos países habían iniciado el camino de la reconciliación. Tanto el ministro del Exterior francés Robert Schumann (1948-1952), como Charles de Gaulle, presidente desde 1958, fueron las fuerzas impulsoras del acercamiento con la nación vecina. Por su parte, el canciller alemán Konrad Adenauer sabía que se encontraba al final de su carrera y quería dejar a su sucesor una política exterior estable. Pero se resistía a distanciar a Alemania de Estados Unidos y la OTAN, como quería de Gaulle.

En el Palacio del Elíseo el presidente Charles de Gaulle abrazó efusivamente al canciller Konrad Adenauer.

Dos estadistas, una visión

Pero había una visión que unía a ambos mandatarios: que una Europa fuerte actuara en el escenario político internacional no enfrentándose a Estados Unidos, pero si independientemente de la potencia del otro lado del Atlántico. Eso es lo que promovieron cada uno en el país vecino. Del 2 al 8 de julio de 1962 el canciller Adenauer realizó una visita de Estado a Francia. La visita conjunta a la Catedral de Reims subrayó la vinculación personal de ambos estadistas. Del 4 al 9 de septiembre de 1962 de Gaulle visitó Alemania, subrayando la disposición gala a la reconciliación.

En Ludwigsburg el presidente francés habló a la juventud alemana: “los felicito por ser hijos de un gran pueblo, que en el transcurso de su historia ha cometido grandes errores, pero que ha regalado al mundo valores científicos, artísticos y filosóficos”.

Una semana antes de la firma del tratado del Elíseo, de Gaulle rechazó la adhesión de Gran Bretaña a la Comunidad Económica Europea, lo que provocó malestar en los círculos políticos alemanes. Muchos diputados veían el tratado en peligro, toda vez que de Gaulle exigía que Alemania se decidiera contra Estados Unidos y Gran Bretaña, y a favor de Francia y su poderío atómico.

El Parlamento alemán aprobó el texto del Tratado el 16 de mayo de 1963 con una gran mayoría. Sin embargo se complementó un preámbulo que fue entendido como una crítica alemana a la política gaullista. En él se puso en claro que el Tratado del Elíseo no afectaría otros tratados con otros países. La joven República Federal de Alemania quería mantener una relación de amistad con Francia, con Estados Unidos y con la OTAN. El 14 de junio de 1963 la Asamblea General de Francia aprobó el Tratado del Elíseo.

Merkel y Hollande, los actuales líderes al frente del eje franco-germano.

La filosofía de las rosas

Los críticos de entonces consideraban que los Tratados no duraban mucho y comparaban el acuerdo parisino con rosas que en algún momento se marchitan. Adenauer, un apasionado cultivador de rosas, señaló: “la rosa, y de eso entiendo algo, es la planta más resistente que tenemos”. Adenauer tenía razón. El Tratado del Elíseo es un documento central de la reconciliación. Entre tanto, desde 1988 han sido creados consejos conjuntos de Defensa y de Seguridad, de Finanzas y Economía y de Cultura y Medioambiente.

Tras la formación de una brigada franco-germana fue acordada la creación de una unidad militar conjunta, que con la integración de fuerzas militares de países aliados conformarían las fuerzas de Eurocorps.

Las duplas políticas constituidas desde entonces por los respectivos estadistas de ambas naciones -Helmut Schmidt y Giscard d'Estaing; Helmut Kohl y Francois Miterrand y Gerhard Schröder y Jacques Chirac-, utilizaron la estructura del Tratado para convertir a ambos países en motores de la integración europea. La fundación de una asociación juvenil franco-germana el 5 de julio de 1963 ha dado frutos: desde entonces millones de jóvenes de ambos países se han conocido y han aprendido la lengua del país vecino.

Autor: Michael Marek/ EU

Edición: Emilia Rojas

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