Desastres naturales en América Latina: satélites al rescate

Terremotos, inundaciones, tornados y sequías son algunos de los eventos meterológicos extremos que causan estragos en la región. La información satelital puede ayudar a evitar las peores consecuencias de esos desastres.

Cada vez que el Volcán de Fuego ruge, la población de Guatemala tiembla. La erupción de este volcán, el más grande de Centroamérica, en junio 2018, fue la peor en 40 años. El recuerdo está demasiado vivo, más de un centenar de personas murieron en el suceso.

Naturaleza y medio ambiente | 18.03.2019

América Latina y El Caribe son azotados regularmente por inundaciones, sequías, heladas, olas de calor, deslizamientos, actividad volcánica, sismos, maremotos, tsunamis y marejadas. La mala planificación y administración del desarrollo urbano y regional, la pobreza y desigualdad son, entre otros, algunos de los factores que aumentan el impacto de los desastres.

No obstante, para reducir algunos de los riesgos, los países cuentan con diversas herramientas, entre ellas la Plataforma de las Naciones Unidas para la gestión de desastres y la respuesta de emergencia mediante información obtenida desde el espacio (ONU-SPIDER). Creada en el año 2000, facilita el acceso y uso de "información obtenida desde el espacio en todas las fases del ciclo de gestión de actividades en casos de desastre, en todas las regiones del mundo”, explica a DW Juan Carlos Villagrán de León, director de la oficina en Bonn (Alemania), que está centrada en dar cobertura a América Latina y El Caribe.

Infografik Karte Katastrophenfälle in Lateinamerika ES

México, Colombia y Brasil registraron el mayor número de desastres en la región.

"El uso de satélites facilita un mejor entendimiento de las amenazas naturales y su comportamiento. Esto nos ayuda a elaborar mapas de amenaza o peligro, que deberían ser usados para introducir reglamentos de uso de suelos”, explica. "Además, la información sobre la exposición de elementos vulnerables situados en zonas de alta amenaza debería ayudar a identificar cuáles de esos elementos deben ser trasladados a zonas de menor amenaza", agrega. No obstante, reconoce que "en países en vías de desarrollo cuesta implementar este tipo de políticas”.

A pesar de ello, "desde 2014 algunas oficinas regionales nos han apoyado con procedimientos paso a paso para procesar imágenes satelitales con el fin de hacer mapas específicos”, apunta. En base a ellos se recomiendan prácticas, por ejemplo, para prevenir incendios forestales. "Se podría pensar que las regiones aledañas a incendios pueden experimentar incendios igualmente severos”, explica Villagrán, de origen guatemalteco.

Prevenir la sequía, el reto de Centroamérica

Una de las principales líneas de trabajo de la plataforma es la sequía. El proyecto FOSAT-S pretende incorporar los datos satelitales sobre los efectos de la sequía en los suelos y la vegetación, a la información tradicional sobre las anomalías de las lluvias. Mediante los satélites se puede "identificar las zonas más afectadas y cómo está progresando una sequía. Esto se puede hacer cada 8, 10, 16, 20, o 32 días. Además, debido a que hay una amplia cantidad de imágenes de archivo, también se pueden comparar los impactos de una sequía actual con sequías históricas a partir del 2000”, destaca. "Con tecnología satelital es posible detectar el nivel de vigor de la vegetación (cuán verde está)”, detalla.

Villagrán dió a conocer el trabajo que lleva a cabo la plataforma ONU-SPIDER en un encuentro organizado en Bonn la semana pasada.

Asimismo, la organización internacional apuesta por que los estos sistemas de alerta temprana de sequía "incorporen información sobre tipología de suelos, tipos de cultivos, medios de vida, aspectos socioeconómicos de comunidades vulnerables, además de información sobre qué tipo de medidas se implementaron en eventos anteriores”, agrega.

No obstante Villagrán reconoce que se trata de un progreso "muy lento” ya que "por una parte, no se tiene una presencia permanente en los países y, por otra, porque parece haber una cierta resistencia al cambio”. A ello hay que añadir la necesidad de disponer de información más local sobre el tipo de cultivos de cada país.

La plataforma recopila prácticas a través de un portal de internet y ofrece capacitaciones y asesorías técnicas para facilitar el intercambio de datos e información entre instituciones. "Hemos realizado más de 30 misiones técnicas en Asia, África, América Latina y El Caribe”, subraya el directivo guatemalteco, que la próxima semana visitará Perú y Ecuador.

(ER)

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Guatemala: un país enterrado en cenizas

La esperanza es lo último que se pierde

Los rescatistas continúan buscando cuerpos sepultados, vivos o muertos. Los trabajos deben ser interrumpidos de vez en cuando porque el volcán sigue activo, porque las cenizas aún están ardiendo y por las fuertes lluvias.

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¿Queda algo ahí dentro?

Aquellos que se vieron obligados a huir el pasado domingo (3.06.2018) apenas tuvieron tiempo de llevar nada consigo. Dos días después de la erupción, Walter Amilcar García (derecha de la imagen) regresa a su destrozado hogar.

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Montaña efervescente

"Volcán de Fuego" es el nombre de esta montaña de 3.700 metros de altura. Su efervescencia se percibe desde 2002 y el pasado mes de mayo una erupción provocó una avalancha de lodo. La actual erupción es la más fuerte desde hace cuatro décadas.

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Refugio en la escuela

Unas 12.000 personas tuvieron que ser evacuadas. Muchas de ellas fueron acogidas en albergues de emergencia. Al parecer, los primeros signos de la primera erupción se produjeron ocho horas antes de que sucediera. Sin embargo, la alerta de evacuación llegó demasiado tarde a algunos lugares.

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Nubes piroclásticas

Las nubes piroclásticas son especialmente peligrosas. Están formadas de cenizas, gas, roca volcánica y lava y avanzan a una velocidad de cien kilómetros por hora. La imagen satelital de la izquierda muestra un campo de golf después de la erupción.

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Ahogados o quemados

Quien queda atrapado por una nube piroclástica no tiene posibilidades de supervivencia. La temperatura oscila entre los 300 y los 800 grados.

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Duelo por los seres queridos

Hasta ahora se han encontrado 99 cuerpos. Ni un tercio de ellos ha podido ser identificado, ya que el calor los ha abrasado y dejado momificados. De algunas víctimas solo han quedado los huesos. 200 personas continúan desaparecidas.

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Caminar sobre ardientes cenizas

Las cenizas siguen estando tan calientes, que abrasan las suelas de las botas de los rescatistas. "Solo pueden trabajar en aquellos lugares donde pueden caminar sobre los tejados de las casas", dice el voluntario Diego Loranza.

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Casi exhaustos

Los trabajos de salvamento agotan las fuerzas de los rescatistas, no solo las físicas, sino también las psíquicas. Muchas veces, cuando tratan de levantar un cuerpo del suelo, se deshace como ceniza entre sus manos.

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Como un manto gris

Todo aquello que una vez fue verde, yace ahora cubierto bajo una gruesa capa gris de ceniza. Las cenizas han enfangado muchos manantiales de agua potable. Ahora hay riesgo de inundaciones debido a las fuertes lluvias.

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Una pequeña esperanza

Reencuentro entre amigos. Walter Amilcar García rescata de su casa al perro de su hermano.

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