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Günter Grass llora lágrimas propias “Pelando la cebolla”

José Ospina Valencia5 de septiembre de 2006

En la primera lectura pública de su nueva obra, el premio Nóbel alemán pela la cebolla de sus muy dolorosos recuerdos. Una autobiografía entre hechos y ficción en donde no hay fronteras claras, pero sí muchas metáforas.

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Günter Grass leyó de su libro "Pelando la cebolla" en la Berliner Ensamble.Imagen: AP

“¡Pero si yo lo que soy es escritor. Lean mi libro y como lucho en él. Así me pueden entender mejor!", replicó Grass, por estos días, a propósito de su mea culpa sobre el mayor pecado político de su vida.

El literato alemán nacido en Gdansk, hoy en Polonia, trabajó tres años en lo que desde este agosto de 2006 ha salido al público como la primera parte de su tan sensacional como irritable biografía.

Su confesión de que militó en las filas de las tenebrosas SS de las tropas hitlerianas ha causado desde comprensión hasta estupor, en todo el mundo. Pero una cosa es un capítulo en la vida de una persona y otra su obra de toda la vida.

Dos épocas en dos siglos

La autobiografía, en donde a lo largo de sus 479 hojas el laureado escritor recapitula su vida entre 1939 y 1959, reflejada en épocas de dos siglos, es una publicación de la editorial Steidl de Göttingen,

La obra comienza con el joven Grass de 12 años de edad. Un cumpleaños que coincide con un evento que habría de partir la historia mundial en dos: el estallido de la II Segunda Guerra Mundial. Esa historia muy personal empotrada en otra universal termina justamente con la publicación de “El tambor de hojalata”, probablemente la médula de su mundo narrativo que en 1959 marcó el comienzo de su carrera profesional.

Cuando no sólo las liliáceas hacen llorar

"Pelando la cebolla" no es un una mera autobiografía, es literatura autobiográfica. Los recuerdos son como una cebolla, dice el mismo autor. Capa tras capa tiene que ser desvelada para llegar a los más profundos interiores de nuestra memoria.

Y como le sucede a todo aquel que pela uno de esos bulbos: las lágrimas no se hacen esperar. Así como escudriñar en la memoria propia puede hacer reflotar dolores de otros tiempos que nunca fueron calmados.

Grass escenifica dos cuadros de su yo: el empírico y el artístico. El uno calla o busca evasivas. El otro, el yo poeta, atrapa por sorpresa al yo reticente a la verdad y le estrega una buena cebolla en las narices. No es por eso coincidencia que cuando Grass habla de soldados, los mencione en tercera persona.

De la dualidad y las luchas del yo

El autor pone en escena un drama moral en el cuál él mismo encarna dos personajes: el del pecador y el del redentor. El uno se defiende y el otro acusa. Esta dualidad le inyecta mucha de la fuerza que posee la última obra de Grass.

Y, en efecto, Grass no oculta, no se oculta. Él no tiene pelos en la lengua ahora como nunca los ha tenido. El Nóbel cree en la fuerza liberadora de su obra literaria. Los frutos de su inspiración deben ser también un catalizador de los recuerdos.

Todos tenemos uno que otro “cadáver en el sótano”

Otros sufren, súbitamente, de una “laguna” en la memoria, como el ex canciller alemán Helmut Kohl, durante uno de los procesos sobre dineros ilegales en su partido cristianodemócrata. Pero mientras los políticos olvidan en una semana los errores que cometieron en la anterior, Grass crea una metáfora en la que él mismo se acusa y se eleva a una instancia en donde levita más allá del bien y el mal.

Pelando la cebolla es en definitiva un drama del recuerdo que adquiere un valor metafórico cuando parece replicarle al lector: ¡Yo también necesité mucho tiempo. Pero por todas las cebollas de este mundo, no me he ocultado nada. Vea como lagrimean mis ojos!