La homofobia gana terreno en Rusia

La ley que prohíbe la “propaganda homosexual” siembra el miedo en la comunidad LGBT rusa, ya que acentúa la violencia contra las personas no heterosexuales.

En Rusia, hablar abiertamente sobre la homosexualidad siempre fue un riesgo, pero hoy en día puede llegar a ser verdaderamente peligroso, denuncian representantes de asociaciones rusas de lesbianas, gays, bi y transexuales (LGBT). La ley que prohíbe la llamada “propaganda homosexual”, aprobada en junio de 2013, ha agravado la situación, ya de por sí difícil, de las personas no heterosexuales en dicho país. La sola sospecha de que alguien pueda tener tendencias homosexuales es suficiente para caer en la mira de los homófobos.

Manifestación contra la homosexualidad en Moscú.

La ley, duramente criticada a nivel internacional, prevé condenas a quien se manifieste de manera positiva acerca de la homosexualidad en presencia de menores con multas por sumas de cerca de 100 euros para personas privadas y de más de 23.000 euros para empresas u organizaciones. Si para difundir “propaganda homosexual” se utilizan los medios de comunicación, la ley castiga ese delito con penas 10 o 20 veces mayores. Dicha legislación también afecta a los extranjeros, que, además, deben temer penas de prisión de hasta 15 días, así como ser expulsados del país.

Críticas al Código Penal

En entrevista con Deutsche Welle, Valery Sosajev, del movimiento ciudadano “Russian LGBT Network”, de San Petersburgo, confirmó el clima social enrarecido que viven actualmente los gays y lesbianas en Rusia. “La ley posibilita que grupos radicales queden impunes luego de atacar a homosexuales”, dijo Sosajev. Únicamente durante el debate sobre el proyecto de ley se cometieron 17 asesinatos en Rusia cuyas víctimas fueron personas de la comunidad LGBT, y, en todos los casos, los asesinos declararon que el motivo del crimen era la homofobia.

Según un estudio del “Russian LGBT Network”, en delitos cuyo motivo era la homofobia, los tribunales dictaron siempre penas casi mínimas. La homofobia no representa, de acuerdo con el Código Penal ruso, un agravante, señala Sosajev. En este momento, por ejemplo, los ataques a homosexuales en San Petersburgo se están investigando bajo la carátula de “Vandalismo”.

Desconfianza en las autoridades

Debido al manejo que hace la Justicia de los delitos relacionados con la homofobia, los

Andrei Obolenski, presidente de la Asociación Arco Iris.

gays y lesbianas ya no confían en la Policía. El “Russian LGBT Network” llegó a la conclusión de que solo un 20 por ciento de los homosexuales se dirigen a la Policía luego de haber sido víctimas de un ataque. A menudo, los policías también muestran su aversión por las personas de distinta orientación sexual, subrayó el director de la “Asociación Arcoiris”, de Moscú, Andrej Obolenski. Según él, por eso los homosexuales tampoco se sienten protegidos del movimiento “Occupy pedofliyay”, que emprende una “caza contra gays y lesbianas”. “Son verdaderas tropas de matones”, dice Obolenski. Ni en Moscú ni en San Petersburgo hay un lugar en el que los homosexuales estén realmente seguros.

Los homosexuales abandonan el país

También los homosexuales que no son activistas de organizaciones LGBT confirman

Serguei Gubanov, activista de derechos humanos.

que, desde que se aprobó la ley contra la “propaganda homosexual”, se registró un aumento de la homofobia en la sociedad rusa. Serguei Gubanov, activista de derechos humanos, vive su homosexualidad abiertamente: “Muy frecuentemente me confronto con la agresión, hasta ahora solo de forma verbal”, dijo en conversación con DW. “Cuando paseo con mi pareja por Moscú tengo que escuchar todo tipo de insultos discriminatorios”, explica.

Cada vez más homosexuales quieren irse de Rusia debido a la controvertida ley y a la creciente homofobia. Gubanov señaló que, en los últimos seis meses, cuatro de sus amigos se han mudado al extranjero. “La ley no me prohíbe salir de paseo con mi pareja ni besarlo en la calle. Pero la mayoría de los homosexuales tienen miedo de hacerlo”, asegura. Gubanov está convencido de que la ley logró que se cumpla el objetivo del Estado ruso: “Por un lado, sembró miedo, y por el otro odio”.

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