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EE. UU. debe enfrentar su racismo sistémico

Jenipher Camino González
2 de junio de 2020

La mayoría de los estadounidenses blancos no acepta lo que los negros han sabido siempre: el racismo en el país es sistémico, sistemático. El EE. UU. blanco tiene que avanzar, no solo por la paz, sino por la justicia.

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Imagen: Reuters/N. Oxford

Las imágenes de autos de policía en llamas, nubes de gases lacrimógenos, tiendas saqueadas, agentes de la ley que empujan a los civiles al suelo y manifestantes marchando sin inmutarse son alarmantes e impactantes para nosotros los estadounidenses; pero no sorprendentes.

El video que muestra a un hombre afroamericano muriendo en cámara, bajo el peso de la rodilla de un oficial de policía blanco sobre su cuello, es espantoso e impactante. Pero tampoco es sorprendente: hemos visto videos como este antes.

Vienen a la mente ecos de las protestas de 2015 en Ferguson, Missouri. Para generaciones anteriores, el deja vu se remonta a los disturbios por Rodney King en 1992 y a los linchamientos durante el movimiento por los derechos civiles. 

Pero las protestas masivas de hoy están afectando a la nación en un momento en que una pandemia se ha cobrado más de 100.000 vidas, con más de 30 millones de desempleados, altísimas desigualdades en salarios e ingresos y una polarización política que está destrozando al país.

Pareciera ahora que Estados Unidos está llegando a un punto de giro. El futuro del país parece sombrío e incierto. Lo que estamos viendo es una "carnicería estadounidense", pero no del tipo que Donald Trump probablemente imaginó cuando invocó extrañamente ese término en su toma de posesión presidencial.

El racismo no para

Durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus, gran parte de lo que normalmente caracteriza la vida estadounidense se detuvo. Pero los problemas fundamentales y estructurales del país no. El racismo sistémico es uno de ellos, con numerosos ejemplos, evidentes incluso en las condiciones excepcionales de los últimos meses.

En febrero, un video mostró a Ahmaud Arbery, un hombre negro, siendo baleado por dos vigilantes blancos durante una salida a trotar en Georgia.

En otro video, se ve a una mujer en el Central Park de Nueva York, llamando a la policía porque un hombre negro le ha pedido que siga las reglas del parque y ponga una correa a su perro. Al teléfono, la mujer afirma falsamente que "un hombre afroamericano" la está "amenazando" a ella y al perro.

Jenipher Camino Gonzalez, reportera de DW
Jenipher Camino Gonzalez, reportera de DWImagen: DW/Ö. Artunç

A medida que se ha desarrollado la pandemia, las personas negras y mestizas estadounidenses han sufrido tasas de mortalidad desproporcionadamente altas por el coronavirus; otro resultado indirecto de la desigualdad sistémica y el racismo. Sin embargo, manifestantes blancos armados ocuparon varios capitolios estatales para protestar contra las reglas de confinamiento y gritaron, intimidaron e incluso escupieron a los agentes de policía, que los trataron con el mayor cuidado, en un claro recordatorio de que la policía estadounidense trata de manera diferente a las personas blancas.

La polarización bloquea el progreso

Como casi todos los temas en Estados Unidos en este momento, el papel de la policía y el sistema de justicia penal se observa en claves políticas y étnicas. Las protestas de Ferguson en 2015 condujeron a la creación de "Black Lives Matter" (en español: Las Vidas Negras Importan), un movimiento dedicado a concientizar sobre el racismo sistémico y a luchar contra los prejuicios individuales y colectivos que lo perpetúan.

En respuesta, surgieron contramovimientos con los lemas "All Lives Matter" (Todas las Vidas Importan), afirmando que los estadounidenses viven en una sociedad que no se fija en el color de la piel, y "Blue Lives Matter", promoviendo la visión de que los policías son héroes y presuntas víctimas de crímenes de odio relacionados con el tema racial.

 

No sorprende que estos movimientos hayan sido apoyados en gran medida por personas blancas, de tendencia conservadora. Las encuestas han demostrado constantemente que la confianza pública en la policía es mayor entre los votantes republicanos, los blancos y las personas mayores; mientras que solo una minoría de hispanos, afroamericanos, jóvenes y demócratas comparten esa confianza.

En 2020, estas líneas demográficas, raciales y políticas opuestas son más antagónicas que nunca, y alimentan la fragmentación y el tribalismo en curso en el país.

Estos grupos están activamente separados por líderes políticos oportunistas como el actual presidente estadounidense, Donald Trump, que aviva conscientemente la discordia y cuyo lugar en la Casa Blanca es el resultado directo de esta alta polarización y las guerras culturales resultantes.

En este punto muerto, el progreso está bloqueado, y las calles de Estados Unidos seguirán siendo susceptibles a estallidos violentos.

La complacencia blanca debe terminar

Las estadísticas lo muestran, los estudios lo explican y videos como los del asesinato de George Floyd lo ilustran: los afroamericanos han sufrido desproporcionadamente por abusos policiales. Aún así, muchos estadounidenses blancos no acaban de admitir que tanto el sistema de justicia penal como la cultura policial del país los protegen y los benefician.

Muchos estadounidenses blancos no pueden admitir que el racismo sigue siendo un problema social innegable y que las estructuras estatales necesitan una reforma urgente para conseguir un trato igualitario a todos los ciudadanos a los que pretenden servir. Esta incapacidad de gran parte del Estados Unidos blanco para aceptar su propio privilegio y empatizar con las experiencias de las minorías es el obstáculo más grande para el progreso y la reconciliación.

Quienes forman parte del problema deben ser parte de la solución. Las personas negras y mestizas no pueden cambiar por sí solas un sistema que está intrínsecamente sesgado en su contra; ni deberían ser forzados a intentarlo. A lo largo de la historia, la movilización negra ha requerido una masa crítica de personas blancas que se unen a la lucha para inclinar la balanza hacia el progreso: durante el movimiento abolicionista, el movimiento sufragista negro o el movimiento por los derechos civiles.

Y lo mismo vale hoy. Pero, en un momento en que reina el tribalismo político, ¿podrá suceder una vez más? El desafío nunca ha sido tan grande y las apuestas tan altas. Para avanzar en la eliminación de los prejuicios y la violencia racial, los estadounidenses blancos deben dejar de ser complacientes con el racismo sistémico.

(RML/VT)

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