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Opinión: euforia femenina en las filas demócratas

Ines Pohl (JAG/ERS)29 de julio de 2016

Con un festival de la emancipación, los demócratas demostraron la fuerza que pueden desplegar cuando se unen en torno a un objetivo común: derrotar a Trump con las "armas de una mujer", opina Ines Pohl.

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Hillary Clinton Democratic National Convention USA Rede
Imagen: Reuters/G. Cameron

Es notable la coincidencia temporal con que los dos grandes partidos de Estados Unidos están comprendiendo algo que quedará irrevocablemente plasmado en los libros de historia. Mientas los demócratas siguen disfrutando de la fiesta por haber nombrado a una mujer como candidata en 2016, los republicanos están en plena resaca. Y ambas cosas tienen que ver la una con la otra.

Candidata controvertida

Durante la larga campaña por las primarias, cualquiera que se interese por Estados Unidos habrá notado cuán vulnerable y controvertida es la ex ministra de Asuntos Exteriores. Sabe que en su carrera política de décadas ha cometido errores grandes y pequeños, y podría imaginarse que en toda crítica siempre se esconde la correspondiente porción de sexismo.

Precisamente por eso, la coronación de la primera candidata a presidenta no fue automática. Se tuvo que enfrentar al interminable escándalo de los emails y a los partidarios frustrados de Bernie Sanders, que no estaban dispuestos a aceptar que tras el impulso que el revolucionario de Vermont había dado a la campaña al final no ganase. Sobre todas las fiestas, los discursos y por todo Hollywood se cernía la duda de si la frágil oradora podría conseguir esa última noche que el auditorio bailase al son de su música y así conquistar no solo los corazones de los ciudadanos de Filadelfia, sino también llegar a las pantallas de ese gran país.

Ines Pohl, corresponsal de DW en Washington.
Ines Pohl, corresponsal de DW en Washington.Imagen: DW

Su discurso más importante

La presión era inmensa y fue el discurso más importante de su larga carrera política. Y Hillary Clinton consiguió resolver el problema de una forma tan simple como brillante. Casi como una Angela Merkel al estilo estadounidense, que no se siente cómoda con el alboroto pero está porque es precisamente lo que en este país se espera de ella.

Clinton no intentó ser tan carismática como Barack y Michelle Obama. Se resistió a la tentación de recurrir a la lengua afilada de Joe Biden, Elisabeth Waren o el millonario Michael Bloomberg. Se mantuvo en su sitio con los frutos de su trabajo. Y aunque pareciese una entrevista de trabajo donde la candidata recitaba su currículum, al final funcionó. Porque es cierto que hace décadas que apoya a los niños minusválidos, al seguro medico general, a los musulmanes, los negros, los homosexuales, las familias y las madres solteras. Una actuación sobria que funcionó también debido a que los fuertes discursos del día anterior habían generado un ambiente de optimismo y reconciliación.

Bendición de los asistentes electorales

Ahora Clinton contará con el apoyo de un ejército de ayudantes electorales, con una función acordada para poder ahora abordar a ese grupo tan heterogéneo de votantes llamados demócratas. El hecho de que cuente con el apoyo de figuras conservadoras, como el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, genera pánico en las filas republicanas. Mientras los demócratas envían con un abrazo a Hillary Clinton a luchar contra sus rivales, cada vez más republicanos cambian de opinión defraudados por el candidato de su partido.

Los demócratas convirtieron el día en una fiesta de la diversidad, la unidad y la confianza. Por el contrario, los republicanos se están dando cuenta de lo que significa haber permitido que Donald Trump se haya apropiado del partido, convirtiéndolo en una cumbre egocéntrica del miedo. Este examen llega tarde para el partido. Pero para el país, todavía hay esperanza.