¿Qué significa para Ucrania la Ley Marcial?

La Ley Marcial se aplica en diez regiones de Ucrania durante 30 días. ¿Escalará en ese tiempo el conflicto con Rusia? Expertos ucranianos analizan la situación y las implicaciones de la medida.

Ha sorprendido a algunos observadores el hecho de que se declarase la Ley Marcial en Ucrania en el quinto año del conflicto armado con Rusia. También en el Parlamento ucraniano se debatió intensamente sobre el tema durante horas. Finalmente, el presidente ucraniano, Petro Poroshenko, redujo la duración de la Ley Marcial de 60 a 30 días. Además, su aplicación se limitará solo a diez regiones limítrofes con Rusia y Transnistria. El Parlamento estuvo mayoritariamente de acuerdo. Poroshenko aseguró también que, a pesar de la Ley Marcial, se celebrarán elecciones presidenciales, como está previsto por la Constitución, el próximo 31 de marzo de 2019.

Un incidente militar ocurrido el pasado domingo (25.11.2018) provocó que arreciara la tensión entre Moscú y Kiev. En el estrecho de Kerch, la guardia costera rusa negó el paso a barcos de la marina ucraniana y apresó una de las naves. Kiev habla deagresión militar , mientras que Moscú considera que los barcos se adentraron ilegalmente en aguas territoriales rusas. Al principio, voces críticas del Gobierno ucraniano valoraron la Ley Marcial como un intento de posponer las elecciones presidenciales en aquel país y recortar los derechos de los ciudadanos.

"Reacción proporcionada"

Sin embargo, hay observadores en Kiev que consideran la Ley Marcial como un compromiso necesario y oportuno. El experto Juri Yakymenko, del Centro de Investigación Rasumkov, con sede en Kiev, dijo a DW que "la Ley Marcial posibilita una mejora en la capacidad de defensa y la eliminación de las amenazas”. Yakymenko destaca que la medida "no se aparta de los cauces de la democracia”. Según el experto, en la sociedad ucraniana existe el temor de que el pretexto de una supuesta invasión militar lleve a que los ciudadanos ucranianos pierdan libertades y derechos constitucionales defendidos durante la revolución del Maidán, como la libertad de voto, de movimiento y de expresión.

Yakimenko piensa que esta Ley Marcial "híbrida" es una reacción proporcionada de Ucrania a la "guerra híbrida” de Rusia. "Se trata de una respuesta contundente a Rusia, que esperaba desestabilizar la situación en Ucrania con un aplazamiento de las elecciones”, dice Yakimenko. En su opinión, mantener los procesos democráticos y garantizar los derechos y libertades de los ciudadanos también en condiciones de guerra "reforzarán la posición de Ucrania en el escenario internacional”.

"Retomar el control"

Pero ¿realmente mejorará la Ley Marcial la capacidad defensiva de Ucrania?  Ni en la resolución del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional ni en el decreto del presidente queda claro cómo se aplicará la medida en las regiones afectadas del país . Vlodimir Horbatch, del Instituto ucraniano para la Cooperación Euroatlántica, cree que las autoridades ucranianas deberían tomar durante la Ley Marcial el control de importantes puntos de infraestructura energética. "Ese es un punto débil”, asegura. "El Estado tendría que tener control directo sobre las centrales térmicas, la industria del carbón, las empresas de gas, sobre las áreas económicas controladas por oligarcas ucranianos que comercian en interés de Rusia”, señala Horbatch.

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DW noticias | 28.11.2018

Petro Poroshenko pide ayuda a Berlín

Por su parte, Michailo Hontshar, del centro de estudios globales ucraniano "Estrategia XXI", considera que la Ley Marcial aplicada a diez regiones durante un tiempo limitado puede ser una especie de "prueba" ante una posible invasión rusa. "Lo sucedido en el mar de Azov demuestra que Moscú está buscando una excusa para atacar Ucrania. Por ese motivo, debemos organizar de nuevo en el próximo mes nuestro sistema de defensa”, apunta Hontshar. El experto supone que en las regiones marítimas se va a reforzar el despliegue militar. Además, cree que se ensayará la disposición logística de armas y tropas, así como la organización militar en las regiones más amenazadas.

El ministro ucraniano de Transporte, Vlodomir Omelian, anunció un refuerzo en las estaciones de tren, puertos, aeropuertos y otras infraestructuras de las diez regiones amenazadas. Además hay medidas especiales para el transporte ferroviario, que debe asegurar espacio para trasladar material necesario de defensa. El ministro de Política Social, Pavlo Rosenko, aseguró que la Ley Marcial en las regiones donde se aplica no repercutirá de ninguna forma sobre el pago de rentas, salarios y otras prestaciones sociales. El director del Banco Nacional, Jakiv Smolii, subrayó que tampoco los bancos se verán afectados.

(ms/cp)

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32 años después: los últimos habitantes de Chernóbil

El optimismo contagioso de Baba Gania

Baba Gania (izqda.) tiene 86 años. Ella sobrevivió, pero su esposo murió hace una década. Durante 25 años ha estado cuidando de su hermana Sonya (drcha.), discapacitada mental. "No le tengo miedo a la radioactividad. Hiervo los champiñones hasta que la radioactividad haya desaparecido", dice con orgullo. La fotógrafa Alina Rudya opina que Baba "es la persona más cariñosa y amable" que conoce.

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Casas abandonadas con rapidez

Gania y su hermana viven en Kupuvate, un pueblo en una zona de exclusión a 30 kilómetros de la planta nuclear de Chernóbil. Tras el accidente en abril de 1986, cientos de miles de residentes en el área fueron evacuados rápidamente. La mayoría de las casas de Kupuvate están abandonadas. Gania está usando una casa de la vecindad para guardar el ataúd de su hermana y el suyo.

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La muerte regresa

"El cementerio de Kupuvate se parece a cualquier otro cementerio de los pueblos en Ucrania", informa la fotógrafa Alina Rudya. "Mucha gente que fue enterrada aquí fue evacuada y pasó su vida fuera de la zona radioactiva, pero regresa después de su muerte".

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El último deseo de Baba Marusia

Los que regresan buscan los restos de su familia, como Baba Marusia, quien llegó para limpiar la tumba de su madre. Vive en Kyiv con su hija y comparte un apartamento de una habitación con su yerno y dos nietos. "Estoy feliz de haberme quedado. Es mi patria. Es aquí donde quiero ser enterrada" y añade: "Pero cerca de mi madre y no de mi esposo".

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Los que regresaron para quedarse

Galyna Ivanivna es otra de las pocas habitantes de la zona, conocidas como "samosely", colonos, en ucraniano. "Mi vida pasó en un abrir y cerrar de ojos. Tengo 82 años y es como si nunca hubiera vivido. Cuando era más joven, quería viajar por el mundo. Recuerdo soñando con tener un billete gratis para todo el mundo. Pero nunca pude ir más lejos de Kyiv".

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La vida en un mundo pequeño

Ivan Ivanovych y su mujer decidieron, como otros pocos, en los años 80 regresar a la zona nuclear contaminada. Ivan se ha convertido, de alguna manera, en una estrella entre los turistas que visitan la zona. Su esposa murió hace algunos años, "cada vez que lo visito, me dice que sucedió el año pasado", dice la fotógrafa. Tiene muchas historias que contar, son "historias llenas de fantasía".

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Testigos del pasado

La fotógrafa ucraniana Alina Rudya también visitó el pueblo de Opachichi, una semana antes del 32 aniversario del desastre de Chernóbil. Según ella, una señora mayor vive aún ahí, mientras que el resto de los colonos ya ha fallecido. Casas abiertas con viejas fotos, cartas y muebles son los testigos silenciosos del pueblo.

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Diciendo adiós lentamente

Marusia está mirando a su esposo Ivan, quien hace poco tuvo un ictus y es demente. "A veces se levanta por la noche y va a buscar su tractor. Trabajó 42 años con uno". Ella es consciente de que está muriendo lentamente: "No quiero ser un estorbo para mis hijos y nietos".

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Preparándose para cuando venga la muerte

Antes de que Ivan cayera enfermo, contruyó dos ataúdes porque quería estar preparado para la muerte de su esposa y la suya. Están en una cabaña al lado de su casa. "El de abajo es para mí y el de arriba, para mi viejo marido", explica Marusia.

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Los últimos colonos

Solo unas pocas personas viven en la zona de exclusión. La fotógrafa nació cerca de Chernóbil, ha regresado varias veces y planea publicar sus imágenes en un libro. "Visitar los pueblos abandonados es cada vez más triste. Cada vez que vengo, alguien fallece y es que casi la mayoría de los colonos tienen más de 70 años de edad".

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