Razones para tener en cuenta la flora intestinal

La microbiota intestinal ha sido asociada con varios aspectos de la salud mental y física de las personas. ¿Qué se sabe hasta ahora de las bacterias que habitan nuestras entrañas y sus efectos sobre nuestros organismos?

Considerando el boom en torno a los alimentos probióticos y otros productos comestibles fermentados, siempre es bueno detenerse a pensar por un momento en las razones por las cuales se le está dando tanta importancia a la salud de nuestras entrañas. En nuestros estómagos e intestinos hay centenares de tipos diferentes de "bacterias buenas” que nos ayudan a digerir lo que consumimos.

Eso es lo que se conoce como microbiota intestinal. Esta "flora buena” está compuesta por las bacterias con las que nacimos –herencia directa de nuestras madres– y también por aquellas que adquirimos gracias a nuestra propia dieta y a nuestro estilo de vida. Cada persona tiene una mezcla de bacterias singular en su organismo. Se supone que ciertos alimentos propician una "flora buena” más que otros.

Alimentos con mucha fibra, frutas y vegetales, productos lácteos fermentados como el yogurt o el kéfir, por ejemplo, tienden a cultivar las "bacterias buenas” en nuestros sistemas digestivos y a repeler las "bacterias malas”, dejándolas sin espacio para prosperar. Los investigadores todavía tienen mucho por aprender sobre el funcionamiento de nuestros microbiotas. Los siguientes son hallazgos recientes.

Las bacterias y la salud mental

La ansiedad, la depresión y el autismo han sido atribuidos a la mezcla de bacterias presentes o ausentes en los sistemas digestivos de personas afectadas. En un estudio publicado en Bélgica se alega que pacientes diagnosticados con depresión carecían de ciertos tipos de bacterias. Las investigaciones continúan con miras a desarrollar tratamientos y mecanismos para la repoblación bacteriana de los intestinos.

El mapa de la microbiota

Instituciones del Reino Unido, Canadá y Australia han trabajado conjuntamente en un programa para dibujar un mapa de todas las bacterias presentes en el sistema digestivo humano. Hasta ahora, los científicos han catalogado 273 especies de bacterias distintas. Ellos esperan que, como el Proyecto Genoma Humano, sus pesquisas deriven en una comprensión exhaustiva de las funciones de las bacterias.

Las bacterias y la salud física

Los investigadores han hallado correlaciones entre ciertas dolencias –la diabetes tipo 2, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa, el cáncer de colon, la hipertensión arterial y las afecciones cardíacas, por ejemplo– y unos intestinos poco saludables. La microbiota intestinal de los pacientes analizados era muy diferente de la de personas completamente sanas.

Yogurt y frutillas, una combinación saludable.

El uso de probióticos

La ingestión de alimentos probióticos para fomentar una "flora buena” cuando ya se tiene una microbiota intestinal saludable ha sido desaconsejada por varios estudios científicos. En el Instituto de Ciencia Weizmann, con sede en Israel, se determinó que sistemas digestivos con suficientes "bacterias buenas” repelían a las nuevas bacterias proveídas por los alimentos probióticos, negándoles espacio para prosperar.

Los científicos de ese centro descubrieron también que consumir probióticos para compensar la pérdida de "flora buena” generada por la ingestión de antibióticos ralentiza el proceso normal de repoblación de los intestinos con "bacterias buenas” en lugar de acelerarlo… Por cierto, es importante diferenciar entre probióticos y prebióticos; los últimos son menos conocidos.

El uso de prebióticos

Prebióticos como el yogurt contienen elementos que las bacterias necesitan para producir ciertos químicos. Esos químicos hallan su camino hacia el sistema sanguíneo y pueden contribuir a disminuir la presión arterial. Los alimentos fibrosos (frutas como las bananas y vegetales como las cebollas, el ajo y los espárragos) y los granos enteros son prebióticos estupendos para muchos tipos de bacterias.

(erc / jov)

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Ocho consejos para proteger su piel del sol

Evite el sol de mediodía

Entre 11 y 15 horas no debería exponerse directamente al sol. Las radiaciones ultravioleta son las mayores en estas horas. Manténgase a la sombra, pero cuidado si tiene la piel sensible: la radiación ultravioleta es más débil en la sombra, pero permanece por la reflexión de la luz solar.

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Protéjase con ropa adecuada

Con la ropa adecuada puede protegerse bien de la radiación ultravioleta. Lleve pantalones largos, camisas de manga larga y sombrero. El factor de protección de los tejidos varía según el tipo de tejido y su grosor. También existe ropa especial de protección solar. Debe llevar la etiqueta “UV Standard 801” y señalar el factor de protección solar.

Ocho consejos para proteger su piel del sol

Elija el factor de protección solar adecuado

Utilice una crema solar con un factor de protección adecuado a su tipo de piel y a la radiación ultravioleta del lugar donde se encuentre. Tenga en cuenta también que la crema incluya una protección contra los rayos UVA. Desde 2007, estas cremas están etiquetadas con el logotipo UVA. Los rayos UVA son los causantes del cáncer de piel entre otras dolencias.

Ocho consejos para proteger su piel del sol

Calcule su tiempo de exposición al sol

La protección solar propia de la piel varía entre 5 y 20 minutos según el tipo de piel. El factor de protección solar de la crema protectora multiplica el tiempo que usted puede exponerse al sol. Por ejemplo: una piel del tipo 1 con 5 minutos de protección propia, multiplicada por un factor de protección solar de 50, tiene una protección de 4 horas frente a las quemaduras solares.

Ocho consejos para proteger su piel del sol

Utilice suficiente protector solar

Un adulto medio necesita unos 35 gramos de crema protectora para poder proteger todo el cuerpo. Esta medida se corresponde a cuatro cucharadas soperas. Además, la crema debe ser aplicada repetidamente, aunque esto no prolonga el tiempo de exposición al sol. Importante: aplicar la crema siempre entre 20 y 30 minutos antes de tomar el sol.

Ocho consejos para proteger su piel del sol

Utilice gafas de sol

La radiación solar frecuente puede provocar daños en el interior del ojo. A menudo no se notan y se van acumulando a lo largo de los años. En consecuencia, pueden aparecer dolencias oculares típicas de la tercera edad como cataratas o daños en la retina. Las radiaciones ultravioleta pueden provocar irritaciones o visión borrosa incluso poco después de la exposición solar.

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Utilice sombrillas con protección ultravioleta

En la playa, las sombrillas con protección ultravioleta pueden suponer una ayuda extra. Su tejido está reforzado con una fina capa de aluminio que filtra los rayos solares con más eficacia que los tejidos habituales. De todas maneras no existen estándares unificados y no se puede medir con exactitud la eficacia de estas sombrillas. Por eso debe aplicarse además la crema de protección solar.

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Protéjase también en el agua

El agua es especialmente peligrosa, ya que su superficie refleja aún con más fuerza los rayos solares. Hasta un 60 por ciento de los rayos UVB y un 85 por ciento de los rayos UVA llegan hasta medio metro de profundidad en el agua. Como la piel se refresca con el baño, las quemaduras solares no se aprecian hasta después. Por eso es imprescindible utilizar un protector solar resistente al agua.

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