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Socialismo del Siglo XXI: “No hablamos de un desmontaje”

Mirra BAnchón (ER)18 de diciembre de 2015

¿Cómo se entienden desde Europa los resultados de las elecciones venezolanas y argentinas? DW habló en el Parlamento Europeo con el eurodiputado español Javier Couso, del bloque izquierdista.

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Imagen: European Union 2015/D. Hommel

“El pueblo venezolano ha hablado y debemos respetarlo”, dijo usted en su comunicado de prensa después de estar presente en la jornada electoral venezolana. ¿Qué es lo que han dicho los venezolanos en las urnas?

Evidentemente ha sido un pronunciamiento del malestar del pueblo venezolano por lo que está pasando, por la situación económica. Pero hay que contextualizarlo.

Argentina también ha votado por el cambio. Estos cambios en los dos países que lideran el eje izquierdista en América Latina, ¿significan el fin del Socialismo del Siglo XXI?

No, no estamos hablando de un final de ciclo. Brasil –que aunque no esté en el Alba es la sexta potencia del mundo- tiene un gran peso geopolítico; con éste ha apoyado la soberanía y la propia decisión de los pueblos. Está Bolivia: fui observador en las elecciones y Evo Morales ganó por una amplísima mayoría. Está Ecuador, donde el presidente tiene mucha aceptación. Está Cuba, está Petrocaribe y está la CELAC. No estamos en este momento hablando de un desmontaje.

Lo que sí es que estamos ante una lucha que ojalá y, así pedimos nosotros desde la izquierda, sea pacífica. En Venezuela todavía hay seis millones de personas que apuestan por un gobierno socialista. El presidente Nicolás Maduro tiene prerrogativas, aunque la MUD ha ganado la asamblea. Tendrán que gobernar entendiéndose.

Usted ha mencionado Petrocaribe: el petróleo de Venezuela ha apoyado a varias pequeñas economías del Caribe. ¿Cree usted que este tipo de proyectos van a desaparecer?

No deberían. En Venezuela todavía existen contrapoderes y una buena parte del país apoya ese modelo. La oposición jugó con la idea de no acabar con las misiones. Es decir, hay un reconocimiento implícito de que los gobiernos anteriores han hecho algo bien. También lo ha reconocido la ONU. Esto no va a ser tábula rasa, tendrán que balancearse con el contrapeso presidencial que está en la Constitución.

El Parlamento Europeo se ha pronunciado varias veces por la situación de Venezuela. También por Cuba. Ha expresado preocupación por Bolivia. Se habla de tendencias autoritarias en estos regímenes que ejercen control….

Niego totalmente eso. La UE sí apoya gobiernos autoritarios y no son los que hemos dicho. No son Ecuador, Bolivia o Venezuela, donde hay contrapesos democráticos. Lo que pasa es que los llaman autoritarios cuando dicen que no a las grandes políticas neoliberales. Este Parlamento apoya a Arabia Saudí, a Turquía, a México a pesar de sus miles de desaparecidos. Hay una doble vara de medir que tienen que ver con los intereses geopolíticos de la UE, que son los de Estados Unidos. No me hablen de moralidad cuando están apoyando a un país como Arabia Saudí que –como está comprobado- financia el terrorismo y se decapita mujeres por brujería. O como Turquía donde se permite el acarreo de petróleo para financiar al EI.

Venezuela y Argentina son parte del Mercosur. ¿Cómo se ve en su grupo las posibilidades de ahora sí, con los cambios, poder firmar al fin el ambicioso acuerdo comercial?

Mi fracción parlamentaria está totalmente en desacuerdo con esos tratados. No son de comercio, son de supeditación. A mi juicio son neocoloniales. Pero dentro del Mercosur hay todavía países que no quieren eso... Espero que el polo que busca la justicia social haga contrapeso a firmar un cheque en blanco que seria aceptar imposiciones por parte de Occidente.

¿Usted no está contento con la manera europea de tratar a América Latina?

Efectivamente, no estamos en absoluto de acuerdo. Lo hemos dicho aunque con voz pequeña, porque no tenemos más capacidad. Nos gustaría que las relaciones fueran diferentes, que se basaran en la carta de ONU, en el respeto entre naciones soberanas, que no se usara los derechos humanos como una manera de desestabilizar gobiernos, algo que no se hace con otros como Arabia Saudí.