VIII Cumbre de las Américas, cuesta arriba para EE. UU.

El debate sobre la relación de Latinoamérica con Washington podría darse en términos poco favorables para la Casa Blanca en el encuentro de Lima, pero no hay a la vista una política subregional común de cara a EE. UU.

En principio, el tópico central en la VIII Cumbre de las Américas, que se celebra este 13 y 14 de abril en la capital peruana, es la gobernabilidad democrática y la amenaza que para ella representa la corrupción, con la crisis institucional venezolana como caso de estudio protagónico, aunque no único. Pero, extraoficialmente, el deterioro de la relación de las naciones latinoamericanas y caribeñas con Washington podría terminar acaparando las horas de debate disponibles. Y es posible que la discusión de ese tema se dé en términos poco favorables para Estados Unidos debido a la ausencia de su presidente, Donald Trump, en la ronda de Lima.

Ese fue el pronóstico que hizo el catedrático estadounidense Evan Ellis cuando se supo que Trump había cancelado su primer viaje a la región y que su vicepresidente, Mike Pence, lo supliría. Según Ellis, profesor del Instituto de Estudios Estratégicos (SSI) del Army War College de Estados Unidos, especializado en la investigación del acontecer latinoamericano, a la Casa Blanca le costará mucho defender su agenda en el encuentro de Perú. Pence tendrá en contra el “cortés escepticismo” de los presentes cuando intente persuadirlos de que, como socio, el gigante norteamericano es preferible a la República Popular China.

La ausencia de Trump

“La retirada unilateral de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, su renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, su decisión de suspender el estatus de protección temporal de los inmigrantes haitianos, hondureños y salvadoreños, y el anuncio de que enviaría a su Guardia Nacional a la frontera mexicano-estadounidense han hecho poco para incrementar su grado de influencia en la región”, explica Ellis en su análisis Cómo la Cumbre de las Américas 2018 puede hacer una verdadera diferencia, publicado en el sitio web de Global Americans, un think tank con sede en Nueva York.

Además, acota el especialista, es probable que incluso los amigos cercanos de Estados Unidos expresen su preocupación de cara a las medidas proteccionistas implementadas por Trump, a pesar de que, por ahora, Argentina, Brasil, Canadá y México han sido eximidos de los aranceles impuestos a las exportaciones de acero y aluminio que castigan a China, Rusia y Venezuela, entre otros países, desde el pasado 23 de marzo. ¿Servirá la cita de Lima para que los Estados al sur del Río Bravo –o por lo menos las potencias Argentina, Brasil y México– hagan a un lado sus diferencias y conciban una política común frente al “hombre fuerte” de Washington?

“Desde el siglo XIX se han estado haciendo llamados a la unidad latinoamericana. Esa convocatoria recurrente ha dejado en evidencia las dificultades que tienen los países de la región para ponerse de acuerdo. No obstante, ellos han sellado pactos ocasionalmente. Hoy día, creo que pueden cooperar para tomar algunas medidas contra los aranceles de Trump, pero no para impedir la erección de un muro en la frontera norteña de México”, opina Thomas Fischer, profesor de Historia Latinoamericana en la Universidad Católica Eichstätt-Ingolstadt y director del Instituto Central para los Estudios Latinoamericanos (ZILAS).

El viejo sueño de la cohesión regional

“Si Trump hubiera asumido la presidencia de Estados Unidos hace tres o cuatro años, se habrían redoblado los esfuerzos para cohesionar a América Latina. Seguramente, la Alianza Bolivariana para los Pueblo de Nuestra América (ALBA), de talante izquierdista, habría contado con más miembros y se habría robustecido como modelo de integración subregional. Pero ese no es el caso”, esgrime la investigadora Ana Solíz, del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales (GIGA), subrayando que ahora hay más Gobiernos de tendencia neoliberal en el subcontinente que hace un lustro, mandatarios interesados en congraciarse con Trump.

Por otro lado, el tono con que la Casa Blanca se articula varía dependiendo del portavoz y la incertidumbre que eso genera lleva a buena parte de los mandatarios latinoamericanos a responder con diplomacia, no tajantemente. “Sí, el discurso de Trump despierta rechazo; pero, en febrero de 2018, cuando todavía era su secretario de Estado, Rex Tillerson propuso una alianza panamericana en áreas que iban desde la economía hasta la seguridad”, recuerda Solíz. Otra circunstancia que atenta contra la asunción de una postura unitaria latinoamericana para desafiar a Washington es el inminente reacomodo de fuerzas políticas en la región.

“Aún están por celebrarse elecciones en Paraguay, Colombia, México y Brasil; es difícil saber si lo acordado en la cumbre de Lima será ratificado”, señala el economista Alejandro Márquez Velázquez, de la Universidad Libre de Berlín. “A eso hay que sumar que, históricamente, ha habido muy pocos acuerdos entre México y sus vecinos latinoamericanos; de ahí que México optara por asociarse al TLCAN en primer lugar”, agrega Márquez Velázquez. Por si fuera poco, ciertos escándalos de corrupción están propiciando cambios considerables y sus desenlaces no son del todo predecibles; el de Brasil es un caso emblemático en ese sentido.

“No es conveniente que Trump haya cancelado su participación en la octava Cumbre de las Américas; pero a los asistentes tampoco les beneficiaría aprovechar su ausencia para asumir una posición conjunta en su contra. Si los países latinoamericanos llegan a acuerdos, deben hacerlo para negociar simultánea y pragmáticamente con socios que antagonizan entre ellos, como Estados Unidos y China”, recomienda Solíz.

Evan Romero-Castillo (ERS)
 

Seis muros que pretenden separarnos en América Latina

Lima: ricos y pobres

Diez kilómetros de largo tiene el llamado "Muro de la vergüenza" en la capital de Perú. Coronado por filosos alambres de púa, su objetivo es partir por la mitad un cerro: por un lado las "invasiones" (terrenos tomados fuera del marco legal por pobladores de menos recursos) y, por el otro, barrios acomodados. Empezó a construirse en los 80 y hasta 2012 se seguían sumando metros a este murallón.

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Argentina-Paraguay: socios del Mercosur separados

Tante polémica generó en 2015 el levantamiento del muro de cinco metros de altura y 1,3 kilómetros que separa a Posadas (Argentina) de Encarnación (Paraguay), que una petición online en la plataforma Change.org reunió más de 8 mil firmas para exigir su demolición. Pero el muro sigue ahí, construido a medias entre el Estado y la empresa que opera la central hidroeléctrica en el río Paraná.

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México: freno al sueño americano

Aunque la frontera entre México y EE. UU. está amurallada en muchos sectores, el presidente Donald Trump hizo de la construcción de un muro fronterizo su bandera de lucha. Tras llegar al poder, prometió cumplir su palabra. Pese a la oposición casi unánime de la comunidad internacional, Trump parece decidido a seguir adelante. La frontera entre ambos países tiene casi 3.200 kilómetros de longitud.

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Perú-Ecuador: pared a pasos de monumento a la paz

Perú reclamó en junio de 2017 ante las autoridades ecuatorianas por los trabajos para levantar un muro en la frontera entre Aguas Verdes (Perú) y Huaquillas (Ecuador). Con 2,5 kilómetros de extensión y 4 metros de altura, el muro forma parte de los acuerdos de paz firmados en 1998 tras la Guerra del Cenepa, en 1995, dicen en Quito, e incluye un parque y un centro comercial.

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Río de Janeiro: favelas amuralladas

A comienzos de 2009, las autoridades de Río de Janeiro decidieron cercar algunas favelas con enormes muros de entre 80 centímetros y tres metros. La explicación oficial era que con estas paredes se buscaba contener el crecimiento de los barrios y proteger la vegetación circundante. Otros pensaron que, en realidad, se buscaba encerrar a los pobres para evitar que sus barrios siguieran ampliándose.

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Chile: ya no hay muro, hay reja

En 2002, la alcaldesa de Lo Barnechea (un barrio adinerado de Santiago), Marta Ehlers, mandó a construir un muro para separar a las casas más acomodadas de la población La Ermita, más pobre. Tras la polémica, se decidió echar abajo el muro y vincular ambos sectores de la comuna a través de un paso que es vigilado por una caseta con guardias. Y en vez de muro, hoy hay una reja.

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