Brasil: Temer anuncia concesiones a camioneros para terminar huelga

Tras siete días de paralización, el país registra un importante desabastecimiento de alimentos, bencina e insumos.

Después de siete día de huelga por parte de los camioneros, el presidente brasileño, Michel Temer, cedió a la presión y anunció en cadena nacional nuevas concesiones a los transportadores que con sus bloqueos han  logrado desabastecer de combustibles, alimentos e insumos para la salud y la industria gran parte de Brasil.

El Gobierno de Temer decidió reducir el precio del litro de diesel en 0,46 reales (unos 0,13 dólares) y congelarlo por 60 días, ante la negativa de los camioneros a la congelación de los precios del diesel por 30 días, medida que había sido acordada el jueves pasado.

Es así como el precio del diesel ya disminuido tendrá una validez de dos meses, sin modificación y después se realizarán ajustes mensuales para que cada camionero pueda planear mejor los costos de los fletes.

Para lograr el nuevo precio del diesel, el Gobierno eliminará uno de los impuestos que inciden sobre el combustible, con lo que la disminución final será de casi un 20 por ciento. Los camioneros también serán eximidos de pagar el peaje para camiones que viajen con sus ejes suspendidos por estar vacíos, y el Gobierno, además, establecerá un valor mínimo para el flete de carretera.

De acuerdo con Temer, las determinaciones serán confirmadas a través de medidas provisionales que se publicarán en el diario oficial, hecho después del cual el Gobierno espera que los camioneros levanten la huelga.

La falta de combustible desencadenada por la huelga, llevó a una paralización del transporte público y particular y, con ello, al desabastecimiento de alimentos e insumos para hospitales y al freno de actividades de producción industrial.

Tras la decisión del jefe de Estado de autorizar la movilización de miembros de las Fuerzas Armadas para despejar las vías, gran parte de los camioneros retiró sus vehículos de los bloqueos en las carreteras. Y aunque la mayoría de las ciudades del país comienza a reabastecerse de combustibles, no ocurre lo mismo con alimentos perecederos como frutas, verduras, carnes y lácteos que continúan escasos en los mercados y son vendidos a elevados precios.

MN (efe, Reuters)

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Okupas en Río: así reclaman sus derechos los pobres

Ocupar y jugar

Isabelle juega en un antiguo almacén en la famosa Rua da Lapa, en el centro de Río de Janeiro. Sus abuelos ocuparon la construcción hace más de treinta años. Con el tiempo construyeron muros, habitaciones y un bar, instalándose definitivamente en el lugar.

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Decadencia colonial

En su mayoría, las viejas casas de estilo colonial que se erigieron en el siglo XIX fueron abandonadas. Muchas de ellas, cuando sus dueños portugueses murieron y no dejaron descendencia. Cada vez más pobres se van a vivir a ellas, mientras que los ricos de Río de Janeiro prefieren los nuevos edificios de apartamentos.

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Hay que usar cada espacio

Muy a menudo las casas son subdivididas en pequeños compartimentos para acomodar en ellos a la mayor cantidad de personas posible. Este edificio destartalado cerca de la estación de metro Gloria es el hogar de unas 30 personas, que viven en 18 habitaciones que comparten una sola cocina.

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Buscando un lugar tranquilo

Como consecuencia del aumento de los precios y la prolongada crisis económica que afecta a Brasil, en los últimos años la cantidad de personas sin hogar se ha triplicado en Río de Janeiro. En las noches, buscan un lugar tranquilo donde poder dormir, como vemos acá en Rua da Lapa.

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Okupas organizados

A veces el acto de tomar u "okupar" un edificio se realiza de forma preparada y organizada, bajo el mando de instituciones sociales como Mariana Crioula, en la zona del puerto. Por más de siete años han estado presionando al gobierno para que construya departamentos para los menos favorecidos.

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Esperando aprobación

Los 70 miembros de esta iniciativa pagan una contribución y esperan, algún día, obtener una casa propia. Cada dos semanas llevan a cabo reuniones. Sus propuestas, incluidos los esquemas realizados por arquitectos, han sido ya aprobadas por las autoridades, pero el paso final de liberar los fondos para que comience la construcción se está demorando.

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Partir de cero

Quilombo da Gamboa es otro proyecto social que intenta el mismo proceso. Sin embargo, vivir aquí es estresante. "Hace unas pocas semanas hubo un incendio que destruyó parte del lugar. Vinieron los bomberos e intentaron sacarnos de acá a la fuerza. Como okupa, puedes perder tu casa en cosa de minutos", dijo Roberto a DW.

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Peligro a la vuelta de la esquina

Roberto enumera los peligros de "okupar" un lugar. "Durante una ocupación anterior, la gente me convirtió en líder de facto. Pero la cohesión social se derrumbó cuando llegaron los traficantes de drogas y se hicieron cargo de todo", cuenta. Tras ser atacado con un arma, Roberto tuvo que escapar y empezar todo de nuevo con el Proyecto Quilombo da Gamboa.

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Mala reputación

En Brasil, muchos proyectos sociales tienen mala reputación y son vistos por parte de la ciudadanía como organizaciones criminales, por estar relacionadas con gente pobre, ocupantes ilegales de casas, pandillas violentas y narcotraficantes.

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Siempre atentos

Todos quienes se involucran con estas iniciativas concuerdan en que la vía al éxito está cimentada sobre la base de una estructura fuerte y efectiva. Una de las reglas es monitorear las 24 horas del día quién entra y sale de las casas. Creozlita Silva aparece acá en su turno de puerta en Manuel Congo, donde se construyeron apartamentos después de que los "okupas" tomaran el terreno.

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