"DACA me cambió la vida"

Angélica Villalobos es una de los indocumentados en EE.UU. a quienes el programa DACA ha protegido hasta ahora de la deportación. Su futuro es incierto, pero ella se preocupa más por sus hijos que por sí misma.

"Cuando Trump fue elegido como presidente, mi hija de diez años vino a mí llorando y me dijo que no quería irse a México", recuerda Angélica Villalobos. De hecho, su hija nunca ha estado en México. Ella la tranquilizó y le aseguró que la familia permanecería en Estados Unidos.

Ella misma sabría defenderse, dice Villalobos. Pero la activista de "United We Dream", la mayor organización estadounidense de jóvenes inmigrantes, está preocupada por sus hijos. Les había explicado su situación legal, pero también trató de no preocuparlos más de lo absolutamente necesario.

Una vida sin papeles

El gobierno de Donald Trump canceló el DACA, un programa que protegió a miles de jóvenes indocumentados de la deportación.

Sin embargo, ella misma se encuentra en una situación difícil. Algunos de sus niños nacieron en EE.UU. Por lo tanto son estadounidenses y no pueden ser deportados. Angélica Villalobos no goza de tal protección. Ella nació en México y llegó a EE.UU. con su madre y cuatro hermanos. Once años tenía entonces. La familia entró en EE.UU. sin documentos.

Y se quedó a vivir en Oklahoma City, la capital del estado del mismo nombre. Angélica cursó la primaria, la escuela secundaria y finalmente la universidad. Durante mucho tiempo no supo que era una inmigrante ilegal. Todo cambió cuando cumplió 18 años y le dijo a su padre que quería obtener el permiso de conducir.

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"Yo era una chica normal. Y cuando mi padre me dijo que yo no era una ciudadana legal de los Estados Unidos y que por lo tanto no podía obtener el permiso de conducir, al principio no lo entendí", dice Villalobos.

Una persona diferente

Desde entonces supo de su estado legal, pero lo que eso significa en la práctica lo entendió apenas cuatro años más tarde. Fue con su hija a un hospital donde debía ser tratada. Preguntaron por la documentación de la hija, pero ella no la tenía. "Ahí me quedó claro que el hecho de no tener papeles nos diferenciaba claramente de los que habían nacido en EE.UU.", dice Villalobos.

Cuando empezó a informarse sobre su situación, descubrió los límites de sus posibilidades sin residencia legal. Sin papeles, ni siquiera podía cambiar de trabajo de un restaurante de comida rápida a un trabajo de oficina mejor pagado. "Ahí me di cuenta que me encontraba atrapada en ese restaurante de comida rápida".

Su suerte cambió cuando el presidente Barak Obama lanzó el programa DACA hace cinco años. Inicialmente fue diseñado para un periodo de dos años. No solo protegía a jóvenes inmigrantes prometedores sin papeles de la deportación, sino también les concedía un permiso de trabajo.

Un futuro gracias a DACA

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"Cuando se anunció el programa DACA en 2012, nos apunté inmediatamente", dice Villalobos. "Tan pronto que tuve el papel en mis manos, hice inmediatamente el permiso de conducir. Además busqué un trabajo mejor renumerado. En el restaurante de comida rápida ganaba siete dólares la hora, ahora estoy trabajando en una oficina de una tienda de neumáticos y me pagan 15 dólares la hora".

Pero DACA no sólo mejoró la situación económica de Villalobos. Asimismo, el programa la motivó a comprometerse con los derechos de los inmigrantes en su comunidad. Ella trabaja voluntariamente como traductora para un distrito escolar local en Oklahoma City y para una rama local de la organización juvenil cristiana YMCA.

Angélica Villalobos dice estar preparada para el futuro. Ha participado en un curso de capacitación sobre derecho de inmigración. Luego fue acreditada por el Ministerio de Justicia como fuerza calificada para apoyar a la comunidad inmigrante.

"Ayudo a personas que quieren mejorar sus vidas a través de la inmigración y compruebo si eso es posible para ellos", dice. "He trabajado muy duro para esto, pero ahora quiero que tenga algún beneficio. Sin el programa DACA no podría haberlo conseguido".

Una nueva patria

Su compromiso ha sido reconocido. El año pasado, Villalobos recibió un premio de derechos humanos por parte del estado de Oklahoma.

A pesar de la decisión del gobierno de Trump de cancelar el programa migratorio DACA, Angélica Vollalobos está dispuesta a utilizar sus conocimientos para su bienestar y el de su familia. "Siempre estuve orgullosa de mi herencia cultural y la he transmitido a mis hijos", dice. "Pero mi hogar son los Estado Unidos. No puedo imaginarme tener que volver a un país que no he visto desde hace 21 años. Mi casa está aquí. Yo crecí en Oklahoma City".

Autor: Michael Knigge (GG/VT)

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