El acordeón, eslabón perdido entre Alemania y Latinoamérica

Desde que inmigrantes alemanes trajeron el instrumento a Latinoamérica a finales del siglo XIX, el acordeón ha sido parte esencial del folclor en todo el continente: puente y punto de encuentro entre ambas culturas.

La música siempre ha sido un buen indicador de procesos de transculturación, y pocos ejemplos son tan representativos como el del acordeón. En la turbulenta época de la Latinoamérica republicana, la historia de este instrumento, compuesto de un fuelle y dos cajas de madera, resalta por la manera en que fue adoptado a lo largo del continente desde que pobladores alemanes lo trajeron a finales del siglo XIX.

Cultura | 10.08.2012

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Desde su arribo, este instrumento de fácil transporte se incorporó a las diferentes músicas del folclor latinoamericano, desde el sur, en el noreste de Argentina –aunque se asimiló más el bandoneón (tango), primo del acordeón–, hasta el norte en México, pasando por Chile (cueca), Paraguay (polka), Perú (huayno y vals), Brasil (forró) y hasta por República Dominicana (merengue), entre muchos otros. Pero si hay que hacer una mención especial sobre este instrumento en el continente, sin lugar a dudas hay que dirigirse a Colombia y México, donde el acordeón es parte esencial de mucha de su música folclórica más característica.

Un instrumento del pueblo

Tanto en México como en Colombia, el acordeón ingresó desde el norte y se asentó entre campesinos que ampararon la caja sonora como compañero predilecto de la extenuantes jornadas de trabajo. En México, inmigrantes alemanes que montaban vías de ferrocarril en Texas trajeron el acordeón de botones, y los locales, que trabajaban en los campos de algodón, adoptaron y favorecieron el instrumento europeo. En Colombia, por su parte, el instrumento se convirtió en un medio de comunicación, donde juglares en el caribe viajaban con el acordeón a sus espaldas de pueblo en pueblo llevando y entonado las noticias, como una especie de correo cantado.

Aracataca - Geburtsort von Gabriel Garcia Marquez

La casa de nacimiento de Gabriel García Márquez en Aracataca, Colombia: el nobel de literatura fue un gran seguidor de la música de acordeones.

Así, después de más de 120 años de su llegada, el acordeón tomó en Colombia la forma de vallenato y cumbia, y en México, también de cumbia y lo que se conoce sencillamente como norteña. En resumidas cuentas, la historia cultural y musical de las regiones norte de ambos países no sería la misma sin este instrumento. "No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que, cuando lo oímos, se nos arruga el sentimiento", confesó una vez el célebre autor colombiano Gabriel García Márquez. 

Predilección por los acordeones Hohner

Haciendo un paneo por los intérpretes más conocidos del instrumento, tanto del presente como en el pasado, vemos que, en su gran mayoría, favorecieron el uso del acordeón diatónico de botones por encima del de teclas. Pero no solo eso: el común denominador e indiscutible insignia de estos interpretes es el símbolo único de la marca alemana constructora de acordeones Hohner. A pesar de que también llegaron al continente acordeones de origen Italiano y francés, como el Paolo Soprani o el Rigoletto, desde Emiliano Zuleta Baquero, Alejo Durán, hasta Egidio Cuadrado, en Colombia, y desde Celso Piña hasta Jorge Hernández, en México, todos tocaron o tocan la icónica marca alemana de acordeones.

Speeldeel

Un clásico acordeón diatónico de botones de la icónica marca alemana Hohner.

La serie "Rey del Vallenato"

La marca, fundada por Matthias Hohner en 1857, no ha sido ajeno a este fenómeno y ha adaptado muchos de sus instrumentos a las necesidades y especificaciones de estos intérpretes y su música. "El negocio de exportación es de enorme importancia para Hohner, y en particular el latinoamericano. Trabajamos muy de cerca con artistas en el mercado latino para comprender su música y sus demandas en los instrumentos", aseguró a DW Theresia Mager, gerente de la empresa con base en Trossingen, sur de Alemania. "Colombia es un mercado muy importante para nosotros. Por lo tanto, también tenemos instrumentos específicamente diseñados para su música, como el ‘Rey del Vallenato' o el Corona III", agregó.

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Celso Piña, acordeonista mexicano

Esta línea de acordeones está dedicada precisamente al gran exponente de la música del caribe colombiano Emiliano Zuleta. "Después de más de 40 años de música, más de 60 composiciones y más de 50 álbumes, llegó el momento de honrar a este hombre increíble con su propio acordeón", reza una declaración oficial de la empresa. Del mismo modo, la marca alemana ha dedicado uno de sus acordeones de la serie "Corona" a Los Tigres del Norte, que llamaron simplemente "Los Tigres". Otros modelos incluyen el "Compadre", parte de la serie "Música Típica", y el "Rey del Norte”, dedicada a la música norteña y al "tex-mex". 

Y no era para menos: según reveló Mager a DW, Latinoamérica –incluido el mercado latinoamericano en Estados Unidos– representa más de la mitad de las ventas de sus acordeones. "Después de Estados Unidos, Colombia y México son nuestros mercados más grandes en América Latina", apuntó Mager.  

Temas

"Nuestra cultura sonora"

El compositor de vallenato Alberto "Beto" Murgas, dueño, curador y guía del Museo del Acordeón, en Valledupar, Colombia, ya había dejado entrever a la agencia de noticias Efe la simbiosis entre el instrumento alemán y la música costeña: "Tenemos acordeones de diferentes países, como la República Checa, Alemania, Italia, Rusia, Austria y también fabricados en Valledupar, pero los que más tenemos son los Hohner, porque ese es el que se identifica con nuestra música, con nuestra cultura sonora".

Los Tigres del Norte

Miembros del grupo Los Tigres del Norte junto a la cantante Julieta Venegas durante la sexta entrega de los Latin Grammy Awards en Los Angeles (3.11.2005).

Sin que muchos tengan conciencia al respecto, la relación cultural entre Alemania y Latinoamérica ha tenido y sigue teniendo como protagonista indiscutible al acordeón. El instrumento, de origen germano y patentado en Viena en 1829 por Cyrill Demian, llegó para quedarse: su historia en Latinoamérica ha sido tan exitosa que gran parte de su futuro está ahora en manos de quienes la heredaron. "El acordeón fue inventado en Europa en el siglo XIX, pero es como si nosotros lo hubiéramos mandado a hacer", manifestó a Efe el historiador del vallenato Tomás Darío Gutiérrez.

Autor: Felipe Espinosa Wang (MS) 

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Cultura

Objetos que hablan

Con su performance "Sonic Borders 2", Guillermo Galindo le cuenta al público parte de la vida de los migrantes. Ha recopilado objetos dejados por ellos en el camino, y los usa para crear música que representa la voz de esa gente. Para esto, cualquier objeto es válido.

Cultura

Botellas de agua

Por ejemplo, usa botellas para producir sonidos. Las que Galindo mostró fueron encontradas en una zona de Tejas, Estados Unidos, en la frontera con México. Dijo que podía imaginarse a los migrantes pasando por ahí, sufriendo y bebiendo el agua de esas botellas.

Cultura

Objetos con memoria

Su colección también tiene otro tipo de objetos. Entre ellos mostró una cacerola que fue donada por un campo de refugiados en Alemania, un remo de madera y un plato de metal encontrados en la playa en Lesbos, entre otros. Cada pieza guarda una historia personal.

Cultura

Evidencias de un naufragio

También presentó objetos encontrados a orillas de la isla de Lesbos, en Grecia, como estos restos de barcos que al parecer naufragaron. Ha recolectado igualmente un montón de ropa. Dice que lo que encontró en Grecia le recordó a lo que había visto en el desierto de California. Entre los migrantes de aquí y allá hay claras similitudes.

Cultura

Estas cuerdas también emiten voces

Esos barcos que naufragaron, Galindo los transformó en instrumentos de cuerdas. Esos sonidos representan para el atista la voz de los migrantes que nos cuentan sus historias y tristes travesías.

Cultura

No es arte, es evidencia

El artista no quiere llamarlo arte, solamente quiere mostrar evidencias de una realidad para que el público saque sus propias conclusiones. No quiere imponer ninguna posición política, solamente quiere hacer hablar a esos instrumentos que alguna vez fueron propiedad de quienes se pusieron en marcha, huyendo de la violencia o la pobreza.

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