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El fin de la debilidad rusa

Ingo Mannteufel / jov14 de febrero de 2006

La disputa por el gas con Ucrania, el intento de ser miembro con voz y voto del G-8 y la invitación a Hamás a hablar: la política exterior muestra a una Moscú cada vez más segura de sí misma. ¿Qué hay detrás?

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El francés Dominique de Villepin y Wladimir PutinImagen: AP


El Kremlin no desaprovecha oportunidad para reclamar su voz en la política mundial. Como lo podrán vivir este 15 de febrero los representantes de Exteriores de la Unión Europea en la reunión con el ministro ruso de Exteriores Lawrow en Viena.

En las últimas iniciativas, incluida la oferta de mediación en el conflicto atómico con Irán, los nuevos pasos de Moscú tienen visos de revolución. A diferencia de antes, al Kremlin no parece preocuparle mucho su imagen en Occidente, del cual espera apoyo total.

La nueva seguridad rusa

Una de las razones para la agresiva política exterior de Rusia está en la consolidación del poder político y económico en manos del Kremlin. El "sistema Putin" es responsable de la controvertida ley sobre organizaciones no gubernamentales y el nombramiento de la Cámara Social como ente civil totalmente controlado por el Estado. En dos años, cuando tenga que ser elegido un sucesor de Putin, tendrá lugar la nueva prueba.

Pero al mismo tiempo, Rusia se ha estabilizado económica y financieramente. Desde hace 6 años la economía rusa crece. La deuda externa está casi pagada; en enero las reservas nacionales alcanzaron los 181,4 mil millones de dólares, un nuevo récord. Por otro lado, las inversiones extranjeras aumentan. No en vano, Rusia es ahora considerada un pujante mercado para muchas empresas europeas. Su potencial energético y los precios mundiales del gas y el petróleo juegan aquí un papel importante.

Camino a potencia energética

Una tercera razón para los duros pasos de Moscú radica en las nuevas alianzas internacionales. La integración con Occidente impulsada por Putin fracasó: los EE.UU. y la UE - entre otros, por el cambio de Schröder por Merkel - expresan severas reservas por el desarrollo interno de Rusia.

Occidente exige la toma inmediata de valores occidentales. Pero por otro lado, Asia, el creciente mercado del futuro, le ha permitido a Rusia la entrada incondicional, no sólo como exportador de petróleo y gas. La alianza con China e India, conocida bajo el llamado "Orden multipolar", ha encontrado en la "Organización Cooperación de Shangai" una forma inconvencional de política de seguridad.

Los países ricos en materias primas de Asia Central como Kasastán, Usbekistán y Turkmenistán buscan la cercanía de Rusia por mero temor a una transferencia de estilos democráticos. Un refuerzo de la posición rusa llega además, con la red de oleoductos y gasoductos que convierten a Moscú en un poder energético del siglo XXI. Hechos que ponen muy cerca de Putin de sus dos grandes metas en política exterior: el resurgimiento de Rusia como poder moderno y la integración de ese inmenso país en la economía global.

Consecuencias para Europa

Pero aún está en entredicho si Rusia puede sustentar sus ambiciones de poder energético o si, a pesar de su deficiente democracia interna, logra la modernización de la economía. Aún así, la sola perspectiva de adherir a Occidente ya no funciona como instrumento en el trato con Rusia. Los tiempos en los que Rusia dependía de Occidente pertenecen al pasado. Rusia no es ni la Unión Soviética de otrora ni el débil gran reino de los años 90.