Inocencia perdida en España

Si bien los socialistas ganaron las elecciones, la verdadera noticia es el ingreso de la ultraderecha (Vox) al Parlamento, opina Bernd Riegert.

La respuesta de los votantes españoles a las aspiraciones separatistas de la rica región de Cataluña fue un resurgimiento del nacionalismo. Cualquiera que aspire a separarse obstinada e ilegalmente, como quería el gobierno catalán, será duramente castigado. Esa es la respuesta que ofrecen todos los grandes partidos, entre ellos también los socialistas.

Presionado por el renovado nacionalismo, el presidente del gobierno socialista ha insistido de forma vehemente en oponerse a la independencia catalana. Pedro Sánchez no puede permitirse el lujo de ser catalogado como "traidor". Términos como "unidad de la nación", "patria" y "grandeza nacional" han determinado el voto de muchos electores. El lema parece ser limitar hacia dentro y, quizás pronto, también hacia afuera.

Un pantano creciente

De este debate emocional los que más se han beneficiado son los radicales de derecha de Vox. Con sus posturas contra el separatismo, los derechos de la mujer, la migración, la tolerancia social y la apertura, este partido satisface las aspiraciones de algunos españoles y quizás también de algunas españolas.

Anhelan tiempos pasados mejores, supuestamente más estables y seguros. El dictador Franco o los inescrupulosos conquistadores de América fueron, retrospectivamente, los que "hicieron grande" a España, dicen con seriedad los partidarios de Vox.

Ganaron los socialistas, pero también entró la ultraderecha al Parlamento.

Si bien el partido ronda en torno al 10 por ciento, existe la posibilidad que ese pantano derechista crezca y se convierta en un movimiento político importante como ha ocurrido en Polonia, Hungría, Italia o Austria. La tendencia existe hace rato y las elecciones solo demostraron que también se concretó en España. Las votaciones para el Parlamento Europeo de fines de mayo seguramente mostrarán que este fenómeno del nuevo nacionalismo, surgido por diferentes razones, será realidad –con distintas fuerzas– en la mayoría de la Unión Europea.

Un país profundamente dividido

España se encuentra profundamente dividida tras las elecciones y no hay visos de estabilidad política a corto plazo. El Partido Popular, de cuyo seno se escindieron quienes formaron Vox, también giró hacia la derecha y cayó dramáticamente en número de votos. Los liberales están indecisos. Mientras, la izquierda no logró una mayoría que le permita gobernar prescindiendo de los partidos separatistas.

Azotada por una crisis económica y el problema del separatismo, España requiere de un liderazgo claro que lleve a cabo reformas profundas. El sistema de pensiones debe ser rescatado de la quiebra, la capacitación e infraestructura requieren inversiones y debe detenerse el éxodo de los jóvenes talentos. Además, la deuda debe ser atajada. Todo esto seguirá afectando al país en la medida que los políticos en Madrid se preocupen solo de sí mismos.

Bruselas como enemigo

Aunque la economía está creciendo con solidez, la tasa de desempleo en el país sigue siendo muy elevada. A largo plazo, eso puede traer problemas. Aún la mayoría de los españoles valora a la Unión Europea, pero eso podría cambiar si la situación económica empeora y los bancos vuelven a entrar en crisis.

Si Vox necesita de nuevos enemigos después de los "traidores a la patria" que usa de cara al interior, los "burócratas de Bruselas" son la alternativa obvia. Los ultraderechistas alemanes, franceses, austríacos e italianos hacen campaña para las elecciones europeas con este débil argumento y exigen más nación. España quizás pronto deje de ser una isla europeísta en medio de un continente con grupos marcadamente euroescépticos. (dz/few)

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Francia: Marine Le Pen

Marine Le Pen ha liderado el populista Reagrupamiento Nacional (RN), antes conocido como Frente Nacional, desde 2011. Le Pen ha tratado de suavizar la imagen de su movimiento, llegando incluso a expulsar a su propio padre, el fundador del partido, después de que éste dijera que las cámaras de gas de los nazis eran un mero "detalle" de la historia de la Segunda Guerra Mundial.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Alemania: Frauke Petry

Las posturas antinmigrantes de Frauke Petry ayudaron a que Alternativa para Alemania (AfD) entrara al Parlamento en 2017. En septiembre de ese año, Petry renunció a la presidencia del partido debido a que las declaraciones "extremistas" de sus camaradas hacían imposible una "oposición constructiva". Ahora Petry es miembro independiente tanto del Parlamento federal como del regional en Sajonia.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Alemania: Alice Weidel

Alice Weidel es copresidenta de AfD desde octubre de 2017. Un e-mail de 2013 reveló que Weidel describía a Alemania como un lugar "invadido por personas culturalmente extrañas, como árabes y gitanos". El mail también describía al gobierno como "cerdos" que eran "marionetas de los aliados de la Segunda Guerra". AfD se opone a los matrimonios homosexuales, pero ella está emparejada con una mujer.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Polonia: Beata Szydlo

Beata Szydlo es la vice primera ministra de Polonia y vicepresidenta del Partido Ley y Justicia (PiS), que tiene la mayoría en el Parlamento. PiS está en contra de las cuotas de inmigrantes adoptadas por la UE. En 2017, la entonces premier Szydlo estuvo en la polémica por usar un escenario que recordaba al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau para destacar sus políticas antinmigratorias.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Noruega: Siv Jensen

Siv Jensen lidera el Partido del Progreso, que forma parte de la coalición de gobierno de centroderecha en Noruega. Jensen promueve las libertades y derechos individuales, y ha mencionado a la expremier británica Margaret Thatcher entre sus héroes políticos. También es abierta partidaria de que la embajada noruega en Israel se mueva de Tel Aviv a Jerusalén.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Italia: Giorgia Meloni

Cofundadora y líder del conservador partido Hermanos de Italia, Giorgia Meloni tiene un largo historial de relaciones con movimientos de extrema derecha. Con 15 años se unió al Frente Juvenil del neofascista Movimiento Social. Desde mayo de 2008 hasta noviembre de 2011 fue ministra de la Juventud de Silvio Berlusconi. Actualmente, su partido forma parte de la coalición de gobierno italiana.

Las caras femeninas de la ultraderecha europea

Dinamarca: Pia Kjaersgaard

Pia Kjaersgaard es cofundadora del Partido Popular, que lideró entre 1995 y 2012. Es famosa por su duro discurso contra el multiculturalismo y la inmigración. Sus principales intereses son frenar la inmigración y mejorar la situación de los ancianos. En 2003 perdió una demanda por difamación en el Tribunal Supremo contra la activista Karen Sunds, quien había dicho que Kjaersgaard era una racista.

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