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Los viejos trucos de Donald Trump con el Congreso

Michael Knigge
3 de enero de 2019

El primer contacto con los nuevos representantes de la Cámara para poner fin al cierre parcial del gobierno fue típico de Trump: apostar a doble o nada, desacreditar a sus subordinados y culpar a los demócratas.

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USA Haushaltsstreit in Washington
Imagen: Imago/ZUMA Press/A. Drago

¿Experimenta una extraña sensación de déjà vu al ver la estrategia del presidente Donald Trump en las negociaciones para poner fin al cierre parcial del gobierno en su primer encuentro con los nuevos representantes del Congreso? No se preocupe, no es un efecto retardado de las bebidas de fin de año. Es solo que Trump es Trump.

En las primeras conversaciones con los representantes de un Congreso recuperado por el Partido Demócrata, el autoproclamado maestro de la negociación Trump recurrió el miércoles (02.01.2019) a su manual de estrategias una y otra vez probadas.

En una reunión del Gabinete, flanqueado por un secretario de Defensa en funciones y un secretario del Interior en funciones, redobló su apuesta por un "muro grande y hermoso". Luego puso en evidencia al vicepresidente Mike Pence cuando insistió en que no aceptaría menos de 5.600 millones de dólares (4.900 millones de euros) para el muro, aunque este, enviado por la Casa Blanca para negociar con los demócratas hace unos días, les había dicho que Trump firmaría una propuesta que incluyera la mitad de esa cantidad. Y al final, Trump concluyó culpando a los demócratas por el cierre.

Férrea línea roja

El hecho de que Trump dibujara tal inamovible línea roja en la arena hizo que la primera reunión de la Casa Blanca con los nuevos representantes del Congreso, previamente programada, resultara inútil. Y, por tanto, no fue una sorpresa que la reunión terminara sin un acuerdo y sin un progreso claro. Y que el cierre administrativo vaya a continuar.

El estilo negociador de "o como yo digo o nada" de Trump no funcionó siquiera con un Congreso controlado por su propio Partido Republicano. Así que aún menos con uno en el que los demócratas han conseguido la mayoría. Pero Trump no está constreñido ni por la idea de lo que es realmente posible ni por la de lo que es mejor para el país.

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Michael Knigge, corresponsal de DW.

En cambio, su principal criterio para tomar decisiones es cómo cree que van a ser recibidas por sus partidarios de base. Eso explica el repentino cambio de Trump, a fines del año pasado, cuando se negó a respaldar un paquete de gastos acordado por ambos partidos que el Congreso había aprobado con la expectativa de que lo firmaría. Los analistas conservadores criticaron el trato y Trump sucumbió rápidamente a su opinión.

Bajarse del carro

Lo de que Trump hace todo lo que cree que agradará a sus bases también explica por qué se juega a doble o nada una apuesta que es muy poco probable que pueda ganar. Unos refortalecidos demócratas no tienen incentivo alguno para darle a Trump los cinco mil millones que pide para cumplir su promesa electoral. Después de todo, la oposición al muro de Trump fue un motor electoral clave para los nuevos demócratas progresistas del Congreso, muchos de los cuales provienen de familias inmigrantes.

A pesar de todo lo que fanfarroneaba, amenazaba y culpaba, el presidente se verá finalmente obligado a cejar y prescindir de su inalcanzable demanda para poner fin al cierre parcial del gobierno. Cuándo va a suceder, nadie lo sabe. Pero, a veces, todo lo que hace falta para que Trump haga algo es un reportaje en Fox News o una llamada del presidente de Turquía. (lgc/dzc)

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