1. Ir al contenido
  2. Ir al menú principal
  3. Ir a más sitios de DW

Luchar por la verdad es luchar por la paz

9 de octubre de 2021

La filipina María Ressa y el ruso Dmitry Muratov, tienen tres cosas en común: son periodistas, ciudadanos comunes y corrientes, y han dado una lucha por la verdad que ahora les ha ameritado recibir el Nobel de la Paz.

https://p.dw.com/p/41Tef
Dimitry Muratov, Redakteur der russischen Zeitung „Nowaya Gazeta“ und russische Journalisten
Dimitry MuratovImagen: Sergey Satanowsky/DW

La noticia me conmovió hasta las lágrimas, incluso en este momento, precisamente por eso. Ni María ni Dmitry tienen en sí mismos algún poder supranatural, no tienen poder político, religioso ni económico. No son jefes de Estado, no son grandes empresarios, no han encabezado movimientos políticos marcados por alguna ideología, no son respaldados por grandes transnacionales, no encabezan organizaciones mundiales de defensa de derechos humanos, ni son producto del marketing fugaz como ocurre con muchas figuras hoy en día. 

María y Dmitry son solo personas comunes como cualquier lector, pero han tomado una decisión radical, tajante, definitiva, ante el mundo que observan y en el que claramente hay personas que ejercen el poder de manera injusta, desigual, criminal y prepotente: buscar la verdad. Buscar la verdad donde quiera que esta se encuentre y exponerla ante los ojos de la sociedad y con eso proteger el derecho humano fundamental de tener acceso a información libre, sin la contaminación de intereses oficiales ni privados.

Vivimos hoy en día en un universo cuyo principal control no está fundado abiertamente en la fuerza bruta- en muchos países como México sí pero no en la mayoría- pero en la desinformación, en las verdades a medias y en la manipulación ideológica a través de redes sociales y medios masivos de comunicación encaminados a mantener las mentiras de los poderosos. 

En este contexto, contar con bastiones de individuos o colectivos que formen una barrera de protección en torno a la verdad para que esta no desaparezca, es un acto revolucionario. Eso es el periodismo hoy en día, me refiero al periodismo auténtico, honesto y fuera de intereses particulares e ideologías. El periodismo que busca el bien de la colectividad, principalmente de quienes son frágiles ante el poder del sistema. 

Protegiendo esa verdad, los poderosos abusivos no pueden ocultar sus crímenes, no pueden ocultar su corrupción, no pueden ocultar sus recursos obtenidos de manera abusiva o francamente ilegal. 

La lucha por la verdad como forma de traer justicia. La lucha de la verdad como instrumento para despertar conciencias. La lucha por la verdad como espada pacífica contra los poderosos que dentro del mundo legal e ilegal buscan apropiarse de la mejor parte del mundo, incluyendo nuestras mentes, nuestras almas, nuestra mano de obra, nuestros derechos humanos. 

"La lucha por la verdad es la lucha de nuestra generación…sin hechos no existe la verdad. Si no hay verdad, no hay confianza. Sin los tres no puedes tener una democracia. Es por eso que la democracia ha dejado de funcionar en el mundo…”, dijo María en septiembre de 2019 en la Conferencia Global de Periodismo de Investigación (GIJC19) en la que nos dimos cita cientos de periodistas de investigación de diversas partes del mundo para intercambiar entre nosotros ideas, experiencias y metodologías. Fui invitada por la organización de Países Bajos Free Press Unlimited, que hace un trabajo grandioso apoyando proyectos de periodismo independientes. 

Homenaje a los caídos

DW Kolumne Anabel Hernández
Anabel Hernández

Este Premio Nobel a María y Dmitry es un reconocimiento público al trabajo que hacen millones de periodistas en diversos rincones del planeta cada día. La gran mayoría de ellos de manera anónima. No conocemos sus rostros, ni sus nombres ni sus historias personales, pero cada día creen firmemente que una pluma, una libreta, una cámara fotográfica, de video o cine, o una grabadora, son instrumentos pacifistas contra ejércitos conformados por políticos, empresarios, pederastas, traficantes de personas, narcotraficantes, jerarcas religiosos, ‘personalidades' del mundo del deporte y el espectáculo, que abusan de su posición, de poder y/o fama, para mantenerse impunes.

Es evidente que es una lucha desigual, un David contra muchos Goliats, y aún así lo hacen. Nadie los obliga, lo hacen por convicción y profundo humanismo. Pero quien piense que el periodismo es solo para ingenuos o suicidas, se equivoca. Rezaba Ryszard Kapuscinski, periodista polaco: "los cínicos no sirven para este oficio”.

Quien piense que silenciado, intimidando, encarcelando, demandando, difamando y empuñando armas en la cabeza de periodistas va a salir victoriosos, se equivoca.

María y Dmitry conocen muy bien en carne propia los costos de buscar la verdad y hacerla pública. Sobre todo, cuando esa verdad implica revelar abusos de la gente que en ese momento está encabezando los gobiernos.

María y su equipo en Rappler han documentado la violencia del presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, durante su llamada "guerra contra las drogas”. El gobierno ha reconocido la muerte de al menos seis mil personas a manos de la policía antidrogas, pero se estima que en realidad podrían ser más de 27 mil las víctimas, muchas de ellas asesinadas en ejecución sumaria. Además de violaciones graves a los derechos humanos.

María ha estado bajo investigación al menos once veces, ha sido arrestada dos veces, ha sido difamada y blanco de campañas de desprestigio y ofensas solo por hacer su trabajo de periodismo.

Dmitry encabeza Novaya Gazeta que es considerado "el último bastión de la crítica independiente al Kremlin”. Al menos seis de sus colaboradores han sido asesinados desde que el medio fue fundado en 1993, uno de ellos la periodista Anna Politkovskaya ejecutada en 2006 y cuyo crimen sigue impune. 

En México, el país más peligroso para ejercer el periodismo, en los últimos 15 años han sido asesinados más de 300 periodistas impunemente, solo 43 en lo que va del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien incómodo, como los mandatarios de Filipinas y Rusia, ha emprendido una campaña de hostigamiento y desprestigio contra periodistas críticos a su gobierno desde la conferencia matutina que dicta todos los días en Palacio Nacional. A la par permite que el poder del Ejército Mexicano crezca y se expanda en diversas áreas del orden público en absoluta opacidad, cometiendo abusos de derechos humanos. Y tolera que los carteles de la droga operen impunemente en el país con una política de "abrazos no balazos” hacia el crimen organizado. 

La lucha por la verdad es la manera pacífica de luchar contra la opresión, contra los carteles de la droga que destruyen naciones, contra los poderosos del sector privado que esconden sus millones en paraísos fiscales, en parte para evadir impuestos empobreciendo más a los países de donde obtienen sus beneficios económicos, pero pienso que principalmente porque sus dineros son de origen inconfesable, criminal.

A veces la búsqueda de esa verdad es solitaria y dolorosa, debe uno ir por ella hasta los lugares más oscuros donde se esconde. Generalmente son pozos siniestros donde han sido arrojadas las víctimas que, desde ahí, con voces tenues, llenas de temor, tienen el valor de contar las historias. A veces la verdad viene de documentos difíciles de analizar e interpretar, encriptados. Otras de testigos que se resistieron a cumplir órdenes y deciden poner en manos de un periodista su vida para narrar los hechos. 

Otras tantas veces esa verdad proviene de cómplices de los propios perpetradores a quienes debemos cuestionar, interrogar, escudriñar en su alma generalmente igual de oscura que sus secretos.

El Premio Nobel de la Paz entregado el 8 de octubre a María y Dmitry es un premio para cada ser humano, común y corriente, que todos los días se levanta y decide hacer lo correcto, y decide intervenir y no voltearse hacia otra parte cuando presencia alguna injusticia o abuso. Es el premio al ciudadano ordinario que decide solo con el poder de su convicción y su alma hacer todos los días alguna pequeña cosa extraordinaria.

Yo creo en ese poder del ser humano firmemente, con la vida entera. Y creo que efectivamente, ayer fue reconocido a los cuatro vientos: quien lucha por la verdad y el derecho a la información de los ciudadanos de este mundo, está luchando por la paz. 

Dos periodistas ganan el Nobel de la Paz de 2021