París y Berlín fortalecen lazos

Después de 56 años, alemanes y franceses renuevan su cooperación. El nuevo "Tratado de Aquisgrán" es más que maquillaje simbólico. Podría significar una nueva era en la política europea, opina Christian Trippe.

Tiene un toque de kitsch la decisión de una pareja madura de renovar sus votos matrimoniales. Eso sucede cuando el matrimonio quiere superar las fases de indiferencia y crisis para restablecer la unión en un acto simbólico. Los Estados no se diferencian mucho de las parejas casadas. El champán que se suele servir en esas ocasiones sube rápidamente a la cabeza, pero su efecto también desaparece a corto plazo.

Ahora son Alemania y Francia los que brindan por su cooperación en Aquisgrán. Pero esto es más que puro kitsch. Uno de los principios más importantes de la política exterior alemana después de la Segunda Guerra Mundial siempre ha sido no tener que encontrarse jamás de nuevo en una situación en la que se tuviera que decidir entre los Estados Unidos y Francia. Este principio estuvo presente en todas las coaliciones desde 1949, y continuó aplicándose cuando Alemania recuperó su soberanía en 1990. Pero ahora la balanza parece inclinarse claramente en una dirección: a favor de Francia.

Recalibrando alianzas

Esta no fue una decisión inducida conscientemente, al menos en lo que respecta a la parte berlinesa. Pero los pesos han cambiado drásticamente en los últimos dos años. Aunque las relaciones transatlánticas todavía no están en ruinas, se encuentran, gracias a Donald Trump, en grave peligro de colapso. Porque a medida que los EE. UU. utilizan cada vez menos capital político para cultivar sus alianzas, crece cada vez más el extrañamiento entre los socios y las alianzas comienzan a recalibrarse.

Christian F. Trippe, de DW.

El antiguo Tratado del Elíseo, que ahora se renueva en Aquisgrán, era esencialmente un tratado de reconciliación entre países que habían librado tres guerras devastadoras entre sí en 75 años. En el Tratado del Elíseo se incluyó un preámbulo en el que se reconocía la importancia de las relaciones transatlánticas. El Tratado de Aquisgrán ya no necesita un reaseguro. Afirma lo ya logrado, pero usa mucho espacio en sus párrafos para hablar de proyectos comunes: en la cooperación militar, en temas internacionales, o en la cooperación en organismos como el Consejo de Seguridad de la ONU.

La redacción del artículo 4 del nuevo Tratado es un tanto críptica. En él, alemanes y franceses reafirman la promesa de la OTAN de ayuda militar, que sería totalmente innecesaria si se diera por sentada. Pero desde que el actual presidente de Estados Unidos ha estado jugando con la idea de que su país podría abandonar la alianza militar, todas las certezas políticas de la OTAN han sido puestas a prueba.

Temas favoritos de los franceses

Los alemanes y los franceses señalan que están "convergiendo cada vez más sus objetivos y sus estrategias de política de defensa". En París y Berlín ya circulan desde hace tiempo teorías sobre la posibilidad de que Francia podría contribuir con su poder nuclear en la cooperación franco-germana. No es fácil para los alemanes embarcarse en estos nuevos caminos estratégicos.

Por la parte francesa, lo que ocurre ahora en Aquisgrán es sumamente importante. Nunca antes en la historia de Francia ha habido un gobierno tan obsesionado con la cooperación con Alemania. Si el Presidente Emanuel Macron fracasa, y con él también el proyecto franco-alemán, entonces fracasa la Unión Europea. En ese caso, el populista de izquierda Jean-Luc Mélechon y la ultraderechista Marine Le Pen tendrían buenas perspectivas de lograr la presidencia francesa. Ambos son decididamente antialemanes y nacionalistas.

La debilitada canciller alemana ha dejado pasar mucho tiempo antes de responder a las ideas políticas de Macron, lo que ha provocado cierta frustración en Paris. Finalmente, Angela Merkel ha respondido con el Tratado de Aquisgrán. Si se consigue insuflar vida a este tratado, entonces los alemanes y los franceses darían un paso importante en la política europea. París y Berlín podrían tener éxito, al igual que muchas otras parejas maduras.

(gg/cp)

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Merkel y su relación con algunos hombres poderosos

¿Nos damos la mano?

La canciller preguntó amablemente en marzo de 2017 y durante su primera cita al recién estrenado presidente estadounidense, Donald Trump. Su anfitrión no reaccionó y miró claramente hacia otro lado. Más tarde este dijo que no había oído la pregunta.

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Situación desesperante

En la Cumbre del G20 en Hamburgo, el rechazo obstinado de Trump con respecto a la protección climática fue muy agotador para Merkel. Tras intentar convencerlo en vano dándole explicaciones lógicas, solo le quedó una opción: documentar las diferencias con palabras claras.

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Al final, ambos estaban muy, muy cerca

En cambio, la canciller y Barack Obama tenían una relación de mucha confianza, como se puede ver en la imagen durante la última visita a Berlín de Obama como presidente. En noviembre de 2016, pocos días tras la victoria de Trump, Obama cedió la responsabilidad de la democracia occidental a Merkel. Los medios de comunicación de EE.UU. dijeron entonces que ella era la nueva líder del mundo libre.

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Condecoración para Merkel en la Casa Blanca

En 2011 y elegantemente vestida para la ocasión, Merkel recibió de Obama la Medalla Presidencial de la Libertad en la Casa Blanca, la condecoración civil más importante de Estados Unidos. Obtuvo este premio por su compromiso con la política europea. Los analistas evaluaron dicha condecoración como señal de excelente relación entre ambos países.

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Invitado y casi amigo

En la Cumbre del G7 en los Alpes bávaros en junio de 2015, ya se podía observar una relación casi amistosa entre ambos mandatarios. La canciller podía contar entonces con el apoyo estadounidense para luchar contra el cambio climático. Con el nuevo presidente, Donald Trump, la situación cambió totalmente.

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De visita en Texas

Con su esposo, Joachim Sauer, la canciller alemana visitó George W. Bush en su rancho en Crawford, Texas, en noviembre de 2007. Les mostró un pequeño cañón. Entoces había un tema muy candente, que con Trump vuelve a estarlo: Irán.

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De barbacoa en casa

George W. Bush disfrutó visiblemente en julio de 2006 al servirle a Merkel un lechón recién salido de la barbacoa. Merkel lo invitó a conocer el lugar donde ella reside, cuando no está en Berlín, en la costa de Mecklemburgo-Pomerania Occidental.

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De manos con Bill Clinton

Durante el funeral del excanciller alemán Helmut Kohl en julio de 2017, el expresidente Bill Clinton habló con melaconlía y humor sobre el fallecido. "Yo le tuve mucho cariño", dijo Clinton. Cuando se sentó, le tomó la mano a Merkel y estaba visiblemente muy conmovido.

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¿Hablando con la hija para poder relacionarse mejor con el padre?

La canciller alemana también conoció a la hija de Trump, Ivanka Trump, en marzo de 2017 en la Casa Blanca. Para Merkel fue más fácil entablar conversación con la hija que con el padre.

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El reto de los europeos

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sabido cómo relacionarse con Trump, según los medios de comunicación estadounidenses. Sin embargo, Macron no es capaz de hacer cambiar de opinión a Trump sobre los aranceles y el acuerdo con Irán. Mientras siga siendo así, Alemania y Francia comparten las mismas preocupaciones.

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